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El Economista 08 Jun, 2026 07:00

Mundial 2026: el partido que se juega en los negocios locales

"No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague".

Esta es la frase que representa mejor el momento que estamos viviendo en México. Después de años de anuncios, expectativas y promesas sobre lo que significaría albergar nuevamente el evento deportivo más importante del planeta, finalmente se cumplió el plazo para vivirlo.

Y, sin embargo, algo aún falta.

A diferencia de otros mundiales, el ambiente previo no se siente con la misma intensidad. Tal vez sea porque la Selección Mexicana no tuvo que recorrer el camino de una eliminatoria para conseguir su boleto. Tal vez nos faltó el camino a la clasificación para encender el ánimo de la afición. Tal vez los precios, los esquemas de venta y la dificultad para acceder a boletos hicieron que, paradójicamente, este Mundial se sintiera más lejano para muchos mexicanos que Rusia o Qatar. Para muchos mexicanos, ver jugar a la Selección en casa terminó siendo más complicado que viajar al extranjero.

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Pero hay algo que el fútbol siempre logra: tarde o temprano termina por envolvernos a todos.

La emoción llegará. Llegará cuando empiecen los partidos, cuando las calles se llenen de camisetas, cuando las conversaciones giren alrededor del fútbol y cuando millones de personas se reúnan frente a una pantalla para compartir la experiencia.

Y con esa emoción llegará también el verdadero impacto del Mundial: el económico.

Porque el consumo del torneo no se limita a los 13 partidos que se disputarán en México. El impacto del Mundial se extenderá durante 39 días y que se vivirá mucho más allá de los estadios.

Se vivirá en restaurantes, bares, cafeterías, mercados, fondas, hoteles, plataformas digitales, tiendas de barrio y hogares mexicanos.

Aunque la atención suele concentrarse en los encuentros que se juegan en nuestro país, la realidad es que millones de personas seguirán el torneo completo. Más de veinte partidos serán transmitidos en horarios de máxima audiencia para México, algo que no ocurría desde hace más de una década.

A diferencia de Rusia 2018 o Qatar 2022, donde los aficionados tenían que levantarse de madrugada para seguir los encuentros, este Mundial se jugará en horarios que favorecen la convivencia, las reuniones y el consumo.

Y ahí radica una de las mayores oportunidades que nuestro país debe de aprovechar.

México tiene alrededor de 38.8 millones de hogares, de acuerdo con la ENIGH 2024 del INEGI. Si tomamos como referencia que cerca de seis de cada diez mexicanos se consideran aficionados al fútbol y que alrededor de 63.8% expresó interés en seguir el Mundial 2026, estamos hablando de una base potencial cercana a 24.7 millones de hogares atentos al torneo.

Con cada partido representando una ocasión para reunirse en los hogares con amigos, familiares o compañeros de trabajo, el consumo de alimentos, bebidas, transporte, entretenimiento y recuerdos se dispara. Con un estimado de gasto por persona entre 300 y 500 pesos, disfrutar un partido en grupo en los hogares representa entre 1,500 y 2,000 pesos o más, algo así como 49 mil millones de pesos, lo que convierte a cada reunión en una pequeña inyección económica para cientos de miles de negocios en todo el país.

Este gasto aumenta al doble si las reuniones son en restaurantes o bares, disparando aún más la dinámica económica local, y cada victoria de la Selección Mexicana tiene el potencial de amplificar la derrama económica.

Pero lo más importante de este potencial económico es preguntarnos dónde realizaremos ese consumo.

Porque detrás de cada comida, cada playera, cada recuerdo y cada servicio hay una decisión económica que puede concentrarse en grandes empresas o puede fortalecer a los negocios locales que sostienen la economía de las comunidades y del país.

México cuenta con millones de pequeños negocios que representan el corazón de nuestra economía. Son ellos quienes generan empleo, sostienen familias y dan vida a nuestras comunidades. Muchos de ellos llevan meses preparándose para aprovechar las oportunidades que traerá el Mundial: capacitándose, digitalizándose, mejorando sus servicios y adaptando sus productos para recibir a visitantes nacionales e internacionales.

No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. Y esa deuda ya la tiene el Mundial, con una alta expectativa que generó en los mexicanos de ser un evento que atraería millones de turistas con titulares sobre derrama económica. Aunque ahora se mira con más desencanto la oportunidad turística, las obras sin terminar, y la exclusión del gran evento, el legado del Mundial se construirá desde lo económico en la medida en que nosotros, los aficionados, decidamos consumir local, visitar pequeños negocios, comprar productos hechos en México y reconocer el valor de quienes forman parte de las economías locales.

Porque la victoria más importante de México en este Mundial no va a suceder en la cancha.

Los goles se celebran durante unos segundos, pero la derrama económica bien distribuida impactará más allá de que termine el último partido.

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