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El Economista 08 Jun, 2026 08:45

Historia del cabrito de Nuevo León, el plato que Monterrey servirá en el Mundial 2026 (con receta)

Cuando miles de aficionados lleguen a Monterrey para la Copa Mundial de la FIFA 2026, encontrarán una ciudad moderna, industrial y apasionada por el futbol. Pero también descubrirán uno de los platillos más emblemáticos de la gastronomía mexicana: el cabrito.

Mucho antes de que Nuevo León se convirtiera en una potencia económica, las cabras ya formaban parte de la vida cotidiana de las comunidades del noreste del país. En una región marcada por el clima semidesértico, la escasez de agua y los extensos territorios de matorral, estos animales encontraron condiciones ideales para prosperar. Su capacidad de adaptación permitió que durante siglos fueran una de las principales fuentes de alimento para las familias de la región.

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Lo que comenzó como una necesidad terminó por convertirse en una tradición. Con el paso del tiempo, el cabrito dejó de ser únicamente un producto de subsistencia para transformarse en el platillo reservado para las grandes ocasiones: reuniones familiares, celebraciones religiosas, fiestas patronales y encuentros de negocios. Hoy, su presencia en la mesa representa hospitalidad, orgullo regional e identidad cultural.

Del desierto a símbolo gastronómico

La historia del cabrito en Nuevo León está estrechamente ligada a la llegada de colonizadores españoles y comunidades sefardíes al norte de México durante los siglos XVI y XVII. Acostumbrados a la crianza caprina en regiones áridas del Mediterráneo, introdujeron prácticas ganaderas que encontraron en el noreste mexicano un entorno favorable.

Con el paso de las generaciones, el consumo de cabritos jóvenes alimentados exclusivamente con leche materna se convirtió en una especialidad regional. La preparación más reconocida es el cabrito al pastor, una técnica que consiste en abrir el animal en canal y cocinarlo lentamente frente al fuego de leña o mezquite hasta conseguir una piel crujiente y una carne tierna y jugosa.

A diferencia de otros platillos mexicanos donde predominan las salsas, especias o marinados complejos, el cabrito se caracteriza por una preparación sencilla que busca resaltar el sabor natural de la carne. Esa aparente simplicidad es precisamente una de las razones por las que ha sobrevivido durante siglos.

El platillo que recibirá al mundo

Monterrey será una de las ciudades mexicanas que albergarán partidos de la Copa Mundial 2026. Para muchos visitantes extranjeros, probar un cabrito será tan importante como conocer el estadio o recorrer la ciudad.

La gastronomía se ha convertido en una herramienta de promoción turística y cultural, y el cabrito ocupa un lugar privilegiado dentro de la oferta culinaria de Nuevo León. Así como la cochinita pibil identifica a Yucatán o el mole a Oaxaca, el cabrito es la carta de presentación gastronómica de los regiomontanos ante el mundo.

Durante el Mundial, restaurantes, mercados y cocinas familiares volverán a demostrar que detrás de este platillo existe mucho más que una receta: hay una historia de adaptación, trabajo ganadero y orgullo regional que ha pasado de generación en generación.

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Cabrito asadoFreepik

Una tradición que se cocina lentamente

El método tradicional del cabrito al pastor sigue siendo prácticamente el mismo que hace décadas. El animal se abre completamente, se atraviesa con una estaca metálica o de madera y se coloca frente al fuego de leña o mezquite durante varias horas.

A diferencia de muchas preparaciones modernas, el cabrito suele condimentarse muy poco. Sal, algunas veces limón y, en ciertos casos, manteca. La filosofía detrás del platillo es sencilla: permitir que el sabor natural de la carne sea el protagonista.

Esa aparente simplicidad es precisamente lo que ha convertido al cabrito en uno de los grandes emblemas gastronómicos de México.

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