Sumándole más turbulencia a un caótica preámbulo de Irán en el Mundial 2026, la federación nacional de fútbol afirmó este martes que la FIFA revocó la asignación de entradas para los aficionados en los tres partidos de la fase de grupos del equipo en Estados Unidos.
Cada federación de los 48 equipos del Mundial 2026 tiene derecho a recibir y distribuir el 8% del aforo del estadio para cada uno de sus partidos en el torneo, lo que suma varios miles de entradas por encuentro.
A pocos días del primer partido de Irán en el Mundial —el 15 de junio en el estadio de los Rams y Chargers de los Rams de Los Ángeles en Inglewood contra Nueva Zelanda—, la federación dijo en un comunicado difundido por medios estatales semioficiales que ya no podrá proporcionar entradas a sus hinchas.
¿Qué pasará con los boletos de Irán en el Mundial 2026?
La FIFA indicó en un comunicado que está “trabajando estrechamente con la Federación de Fútbol de Irán para identificar soluciones conformes que maximicen las oportunidades de los aficionados iraníes de asistir a los partidos”.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y Mattias Grafström, su secretario general con funciones similares a las de un director ejecutivo, prometieron apoyo logístico en reuniones cara a cara con dirigentes del fútbol iraní en Turquía en las últimas semanas.
“Sin embargo, en un movimiento inesperado, la asignación concedida a la federación de fútbol de Irán ha sido retirada y, en las circunstancias actuales, la federación no puede ofrecer ni una sola entrada a los seguidores de la selección nacional”, señaló la federación.

Las federaciones de los participantes en el Mundial suelen vender su asignación de boletos a sus aficionados más leales, que asisten a los partidos tanto en casa como fuera. Se desconoce cuántos boletos del cupo iraní se vendieron desde el sorteo del Mundial en diciembre a la diáspora del país, incluida la que vive en Estados Unidos.
Si se revocan las entradas de Irán, a la FIFA le quedarían apenas unos días para vender unas 5,600 entradas para el partido Irán vs. Nueva Zelanda del lunes, aunque Los Ángeles tiene la mayor comunidad iraní de Estados Unidos.
El sitio de ventas de la FIFA mostraba el martes filas de asientos a nivel de cancha disponibles a 450 dólares cada uno, aunque en decenas y no en cientos.
Aun así, el presidente de la FIFA Gianni Infantino declaró en 2017 —cuando los responsables del fútbol estadounidense preparaban la candidatura conjunta con Canadá y México, que ganaron al año siguiente— que los aficionados debían tener acceso al torneo.
“Es evidente que, cuando se trata de competiciones de la FIFA, cualquier equipo —incluidos los seguidores y los responsables de ese equipo— que se clasifique para un Mundial necesita tener acceso al país, de lo contrario, no hay Mundial", afirmó Infantino hace nueve años. “Eso es evidente”.

El accidentado camino de Irán al Mundial
La afirmación se suma a la tensión existente entre el fútbol iraní, la FIFA y Estados Unidos, el coanfitrión que inició ataques militares contra la República Islámica el 28 de febrero.
La mayor parte de la plantilla de 26 jugadores de Irán no ha disputado un partido competitivo desde febrero porque juegan en clubes de la liga nacional, que fue suspendida por la guerra.
La selección iraní tiene su campamento en Tijuana, en lugar de en Tucson, Arizona, donde tenían previsto alojarse antes de la guerra.
A algunos funcionarios de la federación se les ha negado la visa para ingresar a Estados Unidos, donde el equipo se enfrentará también a Bélgica en Inglewood, el 21 de junio, y a Egipto en Seattle, el 26 de junio, durante la fase de grupos.
Los aficionados que quisieran viajar a Estados Unidos para seguir al equipo probablemente enfrentarían problemas para obtener visas y para realizar pagos mientras sigan vigentes las sanciones financieras.
Además, a Omar Artan, árbitro somalí designado por la FIFA se le negó la entrada a Estados Unidos en Miami durante el fin de semana y el lunes quedó excluido de la competencia de 104 partidos.

Un jugador de Irak fue retenido durante varias horas al llegar a Chicago y a un fotógrafo que viajaba con la delegación se le negó la entrada.
“La disrupción es tal que uno tiene que preguntarse quién está dirigiendo el Mundial. ¿Es la FIFA o es el gobierno de Estados Unidos con sus políticas migratorias cargadas de racismo?”, expresó el martes en un comunicado Piara Powar, jefe del socio de la FIFA encargado del monitoreo contra la discriminación.
“Antes de que se haya pateado un balón, la sensación de que este Mundial es cualquier cosa menos la celebración de la humanidad global que un Mundial debería ser está empezando a imponerse”, afirmó Powar, director ejecutivo de la red Fare Network.