Hubo un tiempo en el que elegir destino para las vacaciones significaba comparar playas, ciudades o paisajes. Hoy, para miles de personas, la primera pregunta es otra: ¿qué festival hay allí? Los conciertos han dejado de ser una actividad dentro de un viaje para convertirse en el motivo principal del viaje.
Junio vuelve a demostrarlo. El calendario de festivales marca el inicio del verano para una parte importante de la población. Eventos como el Primavera Sound, Sónar, FIB, Mad Cool, Arenal Sound, O Son do Camiño, BBK Live o Resurrection Fest movilizan a decenas de miles de personas que organizan escapadas, reservas y vacaciones enteras alrededor de la música.
La transformación es evidente. Muchos viajeros ya no escogen un destino porque siempre quisieron conocerlo, sino porque durante unos días reúne a varios de sus artistas favoritos. El festival se convierte en el centro de la experiencia y todo lo demás gira a su alrededor.
Este fenómeno también ha cambiado la forma de consumir turismo. Hoteles, apartamentos, restaurantes y comercios locales reciben visitantes que, en muchos casos, jamás habrían elegido ese lugar si no fuese por el evento musical. La música se ha convertido en una poderosa herramienta para atraer viajeros.
Además, los festivales ofrecen algo que cada vez tiene más valor: la sensación de vivir un acontecimiento único. En una época en la que gran parte del entretenimiento está disponible desde casa, miles de personas siguen dispuestas a recorrer cientos de kilómetros para compartir una experiencia colectiva durante unos pocos días.
Las redes sociales también han impulsado esta tendencia. Las imágenes de escenarios espectaculares, atardeceres entre conciertos y grupos de amigos disfrutando de la música convierten cada festival en una experiencia altamente compartible. Para muchos asistentes, el recuerdo empieza incluso antes de llegar al recinto.
El auge de estos eventos coincide además con un cambio en las prioridades de gasto. Especialmente entre los más jóvenes, cada vez es más habitual invertir en experiencias antes que en bienes materiales. Un cartel atractivo puede pesar más que un hotel de lujo o una escapada tradicional.
Por eso los festivales ya no son simplemente conciertos al aire libre. Se han convertido en uno de los motores turísticos del verano y en una nueva forma de viajar. Para miles de personas, las vacaciones ya no empiezan cuando encuentran una playa. Empiezan cuando se publica el cartel de su próximo festival. @mundiario