
Todo apunta a que, finalmente, el Gobierno Federal encontró la punta de la madeja para resolver la tensión que la Coordinadora magisterial, la CNTE, creó en la Ciudad de México en vísperas de la inauguración del Mundial de Futbol. Dos hechos lo explican: la detección de 59 petardos que transportaba una célula radical dentro del Comité Estudiantil de la Escuela Normal en Ayotzinapa, y el matiz en el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la violencia en las movilizaciones de los maestros, al dejar de hablar únicamente de la “ultraderecha” como única responsable, sumando a la “ultraizquierda”, y afirmando sin pruebas, pero también sin dudas, que “los extremos se juntan”.
Desde que regresó la CNTE a la capital federal, a finales de mayo, su estrategia fue elevar los costos al gobierno mediante amagos de un sabotaje al Mundial, por lo cual alteraron su viejo calendario de movilización, presión y negociación para ajustarlo a los tiempos de la fiesta futbolera. La violencia en la Ciudad de México fue acompañada por las disidencias magisteriales en Oaxaca y Guerrero, que lograron que los medios internacionales proyectaran lo que la Presidenta dio acuse de recibo ayer: caos e ingobernabilidad.