HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Economista 10 Jun, 2026 09:22

Chicharrón estilo La Ramos, receta con guacamole para ver el Mundial 2026

El chicharrón no siempre fue botana. Antes de llegar a la mesa con limón, salsa y aguacate, fue una forma de aprovechar el cerdo casi por completo. En muchas cocinas mexicanas, la grasa se fundía para obtener manteca y, en ese proceso, la piel y algunos recortes quedaban dorados, crujientes y listos para comerse solos, en taco, con salsa verde o dentro de un guiso.

Con el tiempo, ese producto dejó de ocupar un lugar secundario. En México, el chicharrón se volvió ingrediente de mercado, relleno de quesadilla, base de guisado y botana de reunión. Puede aparecer seco y quebradizo, prensado, en salsa, con carne o convertido en taco con aguacate y salsa. Pocas preparaciones explican tan bien cómo la cocina popular mexicana sabe cambiar de forma sin perder memoria.

Te puede interesar

En Monterrey, sin embargo, el chicharrón tomó una ruta distinta. Allá no se habla únicamente de piel frita. El estilo regio se reconoce por ser más carnoso, más graso y más denso. Tiene mordida, no solo crujido. No se deshace como una tostada; se mastica como un corte pequeño que pasó por grasa caliente hasta quedar dorado por fuera y jugoso por dentro.

Ese tipo de chicharrón tiene un nombre inevitable: La Ramos.

imageEnlace imagen

Chicharrón de La RamosGemini

De carnicería de barrio a antojo regio

La historia de Carnes Ramos comenzó en 1968, en el centro de Monterrey, con una carnicería llamada El Carmen. Con los años, el negocio creció hasta convertirse en una de las referencias más reconocibles del norte, no solo por sus carnes, sino por un producto que terminó ocupando vida propia: el chicharrón.

La fama no se explica únicamente por la fritura. El chicharrón de La Ramos se distingue por estar hecho con cachete de cerdo, una pieza con grasa, carne y colágeno. Esa composición cambia por completo la experiencia. Frente al chicharrón seco de piel, el regio ofrece una textura más profunda: cruje, sí, pero también guarda jugosidad.

Por eso se come de muchas maneras. En taco, en salsa verde, con tortilla de harina, en empalmes, con huevo, en guisos o solo, todavía tibio. Su presencia es tan marcada que no necesita demasiado. Un poco de limón, una salsa bien hecha y una tortilla caliente bastan para entender por qué se volvió parte del apetito cotidiano de Nuevo León.

Contenido Patrocinado
Cobertura Expandida (Multimedio #128624)