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Mundiario 10 Jun, 2026 14:18

Un premio ejemplar al Náutico de San Vicente

Tengo que reconocer que me ha alegrado sobremanera saber de que El Náutico de San Vicente ha sido galardonado con cuatro Premios Ardán. Y me he alegrado, primero porque constituye una buena noticia para una empresa y un establecimiento icónico de la provincia de Pontevedra, pero además porque supone una oportunidad para reflexionar sobre qué entendemos realmente por excelencia empresarial.

Con frecuencia, cuando se habla de éxito económico o cuando se conceden este tipo de reconocimientos, se tiende a mirar únicamente hacia las grandes compañías, a los millonarios balances de resultados o a las organizaciones con cientos de trabajadores. Sin embargo, la realidad empresarial de Galicia está formada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, por proyectos nacidos de una idea singular, de una apuesta personal o de una visión diferente del territorio. Y es precisamente ahí donde reconocimientos como el que los Premios Ardán le han otorgado al Náutico de San Vicente adquieren un valor especial.

El local y la empresa que hay detrás de él, bajo la dirección de Miguel de la Cierva, acaba de recibir cuatro distinciones —Alta Productividad, Generadora de Riqueza, Alto Rendimiento y Empresa Gacela— tras haber sido seleccionado entre más de 45.000 empresas gallegas analizadas. Los indicadores que sustentan estos premios son objetivos y rigurosos y hacen referencia a la productividad, la rentabilidad, el crecimiento y la creación de valor añadido. Es decir, a resultados empresariales medibles y contrastables.

Pero hay algo que para mí es tanto o más relevante que eso. El propio Consorcio de la Zona Franca destaca que El Náutico ha sido capaz de convertir entorno, gastronomía, música y encuentro en una propuesta con identidad propia y capacidad de atracción. En otras palabras, ha demostrado que la excelencia empresarial también puede construirse desde la cultura, desde la experiencia y desde el arraigo al territorio. Y ese mensaje resulta especialmente interesante.

Porque Galicia —ya lo he comentado en infinidad de ocasiones— necesita inversiones emblemáticas, infraestructuras, industria, innovación tecnológica y compañías capaces de competir en mercados globales. Pero también necesita proyectos que generen marca, prestigio y diferenciación. Iniciativas que conviertan un territorio, como es el caso de O Grove, en un destino reconocido, que atraigan visitantes, que impulsen la economía local y que contribuyan a construir una identidad propia.

El Náutico es uno de esos casos. Desde hace años se ha convertido en un espacio icónico, reconocido mucho más allá de O Grove o de las Rías Baixas. Por eso resulta acertado que premios empresariales como el Ardán amplíen el foco y sepan reconocer este tipo de iniciativas. La excelencia no siempre se mide por el volumen de una cuenta de resultados. También se encuentra en aquellos proyectos que, partiendo de una escala modesta, son capaces de generar riqueza, empleo, reputación y comunidad. Reconocerlo no es solo hacer justicia a un proyecto tan atractivo y exitoso como El Náutico. Es lanzar un mensaje de esperanza a cientos de emprendedores gallegos que trabajan cada día para transformar buenas ideas en empresas sostenibles. Y eso también es excelencia. @mundiario

 

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