
Amigos aficionados…
Se acabó la Feria de San Isidro en Madrid y bien valdría la pena hacer algunos señalamientos.
Uno, ya tocado varias veces: la Fiesta le importa al mundo donde el toro bravo tiene cabida. Los éxitos logrados en el ciclo de la Plaza de Las Ventas, y el anterior de la Feria de Abril en Sevilla, dejan claro que el aficionado va a los tendidos y lo sigue donde hoy la modernidad lo ponga (televisión, redes sociales). Hubo 17 llenos de “no hay billetes” y entraron más de 580 mil espectadores en 26 festejos. Y millones la seguimos en vivo.
Por tanto, cada vez resulta menos clara la absurda prohibición de dar toros en la Ciudad de México. Si se hace bien, es un exitazo que beneficia a todos.
Otra más: el toreo tiene muchos artífices. Se vio a gran cantidad de buenos toreros, matadores y novilleros, igual rejoneadores. Eso garantiza la continuidad.
Y cerramos: hubo división de opiniones. Eso es lo mejor, que los criterios se expresan y se deben respetar. No todas las orejas concedidas fueron del agrado, y a lo mejor no todas las Puertas Grandes tuvieron el mismo valor. Pero encantaron Urdiales, Castella, Talavante, Román, Ismael Martín, Serrano. La Fiesta sigue, en grande.