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El Economista 11 Jun, 2026 13:09

¿Quiénes diseñaron la fiesta que abrió el Mundial?

Cuando el balón del Mundial de Futbol 2026 todavía no rodaba y las cámaras del mundo apuntaban hacia el Estadio Ciudad de México, hubo otra selección trabajando detrás del escenario, preparándose con anticipación para también brillar en este escenario sobre el que todo el mundo estuvo expectante.

No vistió uniforme ni apareció en las alineaciones oficiales. Se integró por productores, escenógrafos, diseñadores y directores creativos acostumbrados a pensar en escalas difíciles de imaginar: ceremonias olímpicas, inauguraciones mundiales y películas ganadoras del Oscar.

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En el centro de la cancha se levantó una escenografía concebida como una reinterpretación monumental de la Copa del Mundo. La pieza dominante fue una enorme reproducción dorada del trofeo, visible desde cualquier punto del estadio y utilizada como eje narrativo de la ceremonia. A su alrededor se desplegó una estructura inspirada en el papel picado, el motivo visual elegido para representar a México dentro de la trilogía de inauguraciones del Mundial 2026.

Desde las gradas, las formas evocaban las tradicionales guirnaldas de fiestas populares; vistas desde el aire, componían una especie de mosaico que envolvía el campo de juego. La producción combinó música en vivo, coreografías, desfiles protocolarios y la participación del mítico Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández e intérpretes indígenas, en una puesta en escena diseñada para proyectar una imagen contemporánea de la cultura mexicana, pero con un profundo arraigo identitario, ante una audiencia global.

Marco Balich, una mente que piensa en grande

Al frente del proyecto estuvo el italiano Marco Balich, considerado una de las figuras más influyentes en la creación de espectáculos masivos de las últimas décadas. La FIFA encomendó a su firma, Balich Wonder Studio, la producción de las tres ceremonias inaugurales del Mundial 2026 —México, Canadá y Estados Unidos— bajo un concepto unificador que buscó reinterpretar el trofeo de la Copa del Mundo a través de la identidad cultural de cada país anfitrión.

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Marco Balich.Foto: cortesía X.

Balich no es un desconocido para las audiencias globales. Su trayectoria incluye ceremonias olímpicas, eventos para gobiernos y espectáculos internacionales vistos por cientos de millones de personas. Entre sus trabajos más conocidos figuran segmentos de los Juegos Olímpicos de Invierno y la ceremonia inaugural del Mundial de Qatar 2022.

Para la edición de 2026, el italiano propuso una narrativa compartida entre las tres sedes inaugurales, aunque adaptada a los símbolos culturales de cada nación. En el caso mexicano, el elemento conductor fue el papel picado, convertido en metáfora visual de celebración, memoria y comunidad.

Eugenio Caballero, ganador del Oscar

En esa traducción de la identidad mexicana a lenguaje escénico participó Eugenio Caballero, una de las figuras más reconocidas del diseño de producción cinematográfica contemporánea. Ganador del Premio Oscar por “El laberinto del fauno” y colaborador habitual de cineastas como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y J. A. Bayona, Caballero ha construido una carrera dedicada a imaginar mundos completos, desde palacios fantásticos hasta reconstrucciones históricas.

Su presencia en el Mundial resulta significativa porque acerca la lógica del cine a la del espectáculo deportivo. En lugar de pensar únicamente en escenarios y pantallas, el diseñador mexicano ha desarrollado una trayectoria basada en construir atmósferas capaces de contar historias visuales. Esa experiencia fue particularmente útil para una ceremonia que buscó condensar siglos de tradición mexicana en apenas unos minutos de transmisión global.

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Eugenio Caballero.Foto: Cortesía Universidad de Monterrey.

El resultado fue una inauguración concebida como una pieza de narrativa visual más que como una simple sucesión de conciertos. Música, danza prehispánica, referencias a culturas indígenas, folclor contemporáneo y símbolos reconocibles de México convivieron en una puesta en escena diseñada para una audiencia planetaria. FIFA describió el proyecto como una celebración de la cultura mexicana articulada mediante música, arte y participación de talentos indígenas y artistas folclóricos contemporáneos.

Si las estrellas visibles fueron Shakira, Maná, J Balvin o Los Ángeles Azules, detrás del espectáculo operó otro elenco menos conocido, pero igualmente determinante: el de los creadores capaces de convertir un estadio en un escenario y una ceremonia deportiva en una producción cultural de alcance mundial.

(Con información de fifa.com)

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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