La emoción de jugar en casa, el respaldo de decenas de miles de aficionados y el privilegio de abrir el Mundial 2026 deberían ser motivos suficientes para el optimismo. Sin embargo, la selección mexicana llega a su estreno frente a Sudáfrica acompañada por una curiosa y persistente sombra que la persigue desde hace casi cien años: jamás ha logrado ganar un partido inaugural en una Copa del Mundo.
La historia sitúa a México ante una oportunidad única. El encuentro que inaugura el torneo en el Estadio Azteca no solo marcará el comienzo del campeonato más ambicioso organizado por la Fifa, sino que también permitirá al combinado tricolor intentar romper una de las estadísticas más llamativas de los Mundiales.
Una cuenta pendiente desde 1930
La relación entre México y los partidos inaugurales mundialistas comenzó en la primera edición del torneo, celebrada en Uruguay en 1930. El conjunto mexicano tuvo entonces el honor de disputar el primer encuentro de la historia de los Mundiales, aunque aquella cita terminó con derrota ante Francia.
Lo que entonces parecía una simple circunstancia deportiva acabó convirtiéndose con el paso de las décadas en una tendencia difícil de explicar. Mundial tras Mundial, cada vez que México se vio involucrado en un encuentro de apertura, la victoria se le resistió.
Brasil, Suecia, Chile o la antigua Unión Soviética fueron algunos de los rivales que contribuyeron a alimentar una estadística que ha acompañado a varias generaciones de futbolistas mexicanos.
El Azteca vuelve a ser escenario de un desafío histórico
La edición de 2026 ofrece un escenario cargado de simbolismo. México vuelve a organizar una Copa del Mundo y lo hace en el estadio más emblemático de su historia futbolística.
El Azteca, testigo de los triunfos de Pelé y Maradona, será nuevamente el corazón del fútbol mundial. Allí, donde el país ha vivido algunos de sus momentos deportivos más memorables, la selección intentará cerrar una vieja herida que permanece abierta desde hace décadas.
La presión será enorme. Jugar ante su público multiplica la ilusión, pero también las expectativas. Millones de aficionados esperan que esta generación sea la encargada de romper una maldición que ha sobrevivido a entrenadores, estilos de juego y épocas completamente distintas.
Sudáfrica, un rival con sabor a revancha
El destino ha querido además que el primer rival sea una selección con la que México mantiene un curioso vínculo mundialista.
Ambos equipos ya protagonizaron uno de los partidos inaugurales más recordados de los últimos tiempos, cuando se enfrentaron en el arranque del Mundial de Sudáfrica 2010. Aquella tarde, los anfitriones sorprendieron con un gol espectacular que hizo temer lo peor a los mexicanos antes de que llegara el empate salvador.
Aquel encuentro terminó en tablas y permitió que la racha negativa siguiera intacta. Dieciséis años después, el fútbol vuelve a cruzar los caminos de ambas selecciones en un contexto completamente diferente, pero con una historia pendiente de resolver.
Aunque el torneo apenas comenzará después del pitido inicial, una victoria tendría un valor que iría mucho más allá de la clasificación.
Romper la estadística supondría un impulso emocional enorme para una selección que sueña con protagonizar el mejor Mundial de su historia. Además, permitiría iniciar la competición con una confianza que podría resultar decisiva en un torneo tan largo y exigente.
El seleccionador y los jugadores han intentado rebajar la importancia de los antecedentes, insistiendo en que las estadísticas no marcan el resultado de los partidos. Sin embargo, es inevitable que el dato sobrevuele el ambiente previo al encuentro.
La oportunidad de escribir una nueva historia
Cada Mundial ofrece la posibilidad de derribar viejos mitos. Lo que ocurrió en 1930, 1950, 1954 o 2010 pertenece al pasado, pero el peso de la historia sigue formando parte del relato que rodea a la selección mexicana.
Ahora, ante un estadio lleno, con todo un país pendiente de cada jugada y con el mundo observando, México afronta una cita que trasciende el simple estreno mundialista.
El equipo tricolor no solo buscará sumar sus primeros puntos en la Copa del Mundo. También intentará demostrar que ninguna estadística es eterna y que incluso las rachas más persistentes están destinadas a terminar algún día.
El Mundial 2026 comienza para México con un desafío doble: ganar un partido de fútbol y derrotar a casi un siglo de historia. @mundiario