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El Economista 14 Jun, 2026 20:29

Salma Hayek: de París con amor

La ausencia de la presidenta Sheinbaum en la inauguración del Mundial revela el vacío del Estado mexicano frente a eventos multilaterales, en este caso no un evento tipo G20, sino a un espacio lúdico productor de poder blando (soft power).

La presidenta mexicana confirma el desinterés que han tenido los gobiernos de Morena por el mundo. El rasgo populista de AMLO lo ejerció al sortear el avión presidencial enviando un claro mensaje: no viajaré al mundo porque el mundo es México.

Los protocolos diplomáticos se aplican para comunicarse de manera homogénea con el mundo, pero también para hacer lucir símbolos del país. Uno de ellos es la cohesión que en teoría representa la figura presidencial.

AMLO no se exhibía en escenarios descontrolados porque había que cuidar la investidura presidencial. Eso decía. La presidenta Sheinbaum no quiso recibir reclamos en las gradas del estadio y por ello optó por un escenario controlado.

Los propagandístas de su Gobierno hablan del Mundial Social, pero omiten reseñar la fiesta en el Castillo de Chapultepec. El típico doble discurso del populismo.

Es la primera ocasión que en una inauguración de un Mundial no se habló al mundo desde el palco presidencial. La silla vacía.

Resultó ridícula la presencia de Salma Hayek junto al presidente de la FIFA, haciendo las veces de embajadora mexicana. Mala actriz y viviendo como reina en París, Hayek no representa al Estado mexicano.

Hayek representa a Gucci, Saint Laurent y Balenciaga, no representa al Estado mexicano; Hayek representa la categoría de cine tipo Blockbuster, es decir, malas películas, y no representa al Estado mexicano.

El Gobierno mexicano tuvo que haber invitado a cinco, 10, 15 o la cantidad indeterminada de jefes de Estado. ¿En dónde quedaron los presidentes de Estados Unidos, Brasil, Colombia, Ecuador, Uruguay, Francia y Corea, entre otros cuyas selecciones participan en el Mundial? ¿En dónde quedaron los primeros ministros de Canadá, Reino Unido o Japón?

La diplomacia mexicana se encuentra atrofiada; a los diplomáticos les falta horas de gimnasio. La presidenta Sheinbaum tuvo el suficiente tiempo para desplegar una estrategia diplomática para revivir lo que AMLO destruyó.

México se encuentra poco arropado en América Latina. Tuvo que usar la diplomacia del Mundial para reactivar el diálogo político con países con los que no tiene relación diplomática: Perú y Ecuador. O qué decir con El Salvador, Argentina, Paraguay y Chile, entre otros.

Lo más grave: el Mundial de América del Norte no logró reunir a los tres presidentes y al primer ministro en un solo palco.

¿Hubo intención de hacerlo? ¿Quién falló? No hay excusas: México tiene casi ocho años aplicando una diplomacia dogmática. Si no es de Estado, no es diplomacia.

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