CDMX.- El silbatazo inicial del partido inaugural en Ciudad de México dio comienzo a la Copa del Mundo 2026 ante la atención de todo el planeta. Con 48 selecciones y 104 partidos, es el torneo con más selecciones y encuentros en la historia del futbol. Sin embargo es a su vez el más caro de presenciar en vivo.
El deporte que surgió entre trabajadores de la Inglaterra industrial del siglo XIX y se extendió jugándose con la misma pasión en los suburbios de Buenos Aires, en las calles de Dakar y en los barrios populares de México enfrenta hoy una contradicción evidente: el precio de las entradas así como las restricciones migratorias han convertido el acceso al espectáculo en algo inalcanzable para buena parte de sus seguidores históricos.
Precios de mercado
Mientras que en el Mundial de Qatar los boletos para la fase de grupos partían de 11 dólares, para 2026 los precios dinámicos han llevado entradas de partidos como Colombia vs. Portugal a alcanzar los 2,900 dólares en su categoría más económica, un incremento superior al 26,000% respecto al certamen anterior.
El mecanismo que ha derivado del aumento exorbitante es el de los precios dinámicos: los boletos salen a la venta con un precio base —desde 60 dólares— pero se ajustan en función del interés del público.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, defendió el modelo en una intervención reciente en Los Ángeles:
Estamos en el mercado donde el entretenimiento es el más desarrollado del mundo. Por eso tenemos que aplicar precios de mercado.” Sobre la reventa, añadió: “Si se venden a un precio demasiado bajo, esas entradas se revenderán a un precio mucho más alto. Aunque algunas personas digan que los precios son altos, aun así terminan en el mercado de reventa a un precio todavía más alto.“ Declaró Gianni Infantino, presidente de la FIFA.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante una conferencia de prensa, el miércoles 10 de junio de 2026, en el Estadio Ciudad de México. (Foto AP/Eduardo Verdugo).
Para ponerlo en perspectiva, el boleto más económico para la final equivale aproximadamente al doble del salario anual promedio en países como Ghana o Haití; mientras en México, uno de los países anfitriones, equivale a cerca de quince meses de salario mínimo.
Según documentos internos de la FIFA, las ventas de entradas y los paquetes de hospitalidad proyectan generar aproximadamente 3,000 millones de dólares, lo que consolidaría al torneo como el más lucrativo de la historia en ingresos por día de partido, el sector de más rápido crecimiento para la federación.
La frontera como filtro
Incluso quienes pueden costear los boletos no tienen garantizado el ingreso al país.
Aficionados de más de una cuarta parte de los países participantes enfrentan vedas de viaje, restricciones adicionales o tasas de rechazo de visa superiores al 40%, según un análisis de datos migratorios publicado por la BBC y sustraídos del US Department.
Asimismo, el 16 de diciembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó un decreto publicado por la Casa Blanca que veta la entrada a ciudadanos de 12 países con restricciones adicionales para otras siete naciones, incluyendo Cuba y Venezuela.
La suspensión del procesamiento de visados afectó a ciudadanos de 75 países, y entre las naciones participantes en el torneo, las consecuencias fueron inmediatas: Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil quedaron excluidas del tipo de visa recomendado para aficionados.
Uno de los afectados es Aliou Ngom, hincha senegalés entrevistado por la BBC, quien estuvo presente en los dos últimos Mundiales, en Rusia y en Qatar. Sin embargo, esta vez ni siquiera intentó solicitar la visa para acompañar a Senegal en Estados Unidos, consciente de las escasas posibilidades de obtenerla.
Su experiencia ilustra lo que la abogada de inmigración Celine Atallah resume con claridad:
El sistema de visas es el guardián invisible del Mundial. La FIFA puede vender un boleto, pero el gobierno de Estados Unidos decide quién obtiene la visa, y la aduana decide quién entra realmente”, En entrevista con BBC News.
La situación de Ngom, lejos de ser un caso aislado, refleja una tendencia más amplia. La asociación de aficionados de Costa de Marfil, que en cada Copa del Mundo organiza caravanas de hinchas para seguir a su selección, tomó la misma decisión.
Desde esa comunidad, Julien Kouadio Adonis, representante de los aficionados marfileños, va más allá y señala una contradicción de fondo: ninguna nación europea clasificada enfrenta obstáculos equivalentes para ingresar a Estados Unidos.
Para Adonis, un país anfitrión que no puede garantizar el acceso a los seguidores de todos los equipos participantes no debería ser sede del torneo.
Personas trabajan en la sede de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) en Washington, el sábado 24 de enero de 2026. (Foto AP/Julia Demaree Nikhinson, archivo).
Está es la primera vez en que se aplican restricciones tan restrictivas para el ingreso a una sede mundialista.
Ningún país anfitrión había negado antes el acceso a aficionados por su nacionalidad. En los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, la sede facilitó el ingreso mediante permisos especiales para quienes poseían entradas, sin necesidad de visa formal.
El Mundial 2026 es el primer caso histórico en que un anfitrión aplica restricciones migratorias por nacionalidad durante un torneo de estas características.
Los individuos que participan también enfrentan obstáculos
Las restricciones no se limitaron a los aficionados. Las selecciones de Senegal y Uzbekistán fueron sometidas a controles inusuales a su llegada.
Los senegaleses fueron revisados por agentes de seguridad sobre la pista del aeropuerto de San Antonio; mientras los jugadores uzbekos debieron descender del autobús para ser cacheados individualmente.
El caso más documentado fue el del delantero iraquí Aymen Hussein —quien marcó el gol que clasificó a su país a un Mundial por primera vez en cuatro décadas—, retenido durante siete horas en el aeropuerto O’Hare de Chicago. asimismo, el fotógrafo oficial del equipo fue interrogado durante más de diez horas y finalmente le fue negado el ingreso. “Me trataron como a un terrorista”, declaró Hussein.
Aymen Hussein, de Irak, en un partido de octavos de final de la Copa Asiática entre Irak y Jordania, el lunes 29 de enero de 2024. (Foto AP/Thanassis Stavrakis).
Estados Unidos también prohibió la entrada al árbitro somalí Omar Artan, nombrado en 2025 el mejor árbitro de África y designado por la FIFA para arbitrar en el torneo.
El modelo y sus beneficiarios
El futbol no es el único deporte que ha seguido este camino. La Fórmula 1, el tenis de Grand Slam y la NFL han transitado en las últimas décadas hacia un modelo donde la experiencia en vivo se convierte en un producto de lujo.
Lo que distingue al futbol —y en particular al Mundial— es la distancia entre ese modelo y el origen popular del juego, y entre ese modelo y la geografía de sus seguidores más apasionados.
Los países que más apasionadamente siguen el futbol —México, Brasil, Argentina, los países de África occidental y del norte— son los que enfrentan la combinación más desfavorable: monedas débiles frente al dólar, restricciones migratorias hacia Estados Unidos, y un sistema de distribución de boletos que favorece a quienes ya tienen acceso a tarjetas de crédito internacionales y plataformas digitales
De los 42 países que acceden a Estados Unidos sin visa, ninguno es africano.
La FIFA proyecta 3,000 millones de dólares en ingresos por entradas y hospitalidad. sin embargo, los aficionados que históricamente han llenado las gradas de cada Mundial verán ese torneo, en su mayoría, desde una pantalla.