
El poder se ejerce, no se teoriza. Para el ejercicio de la teoría estamos nosotros, los intelectuales, quienes sólo servimos para eso: estar sentados y pensando. Lo dijo Ficino: el hombre se hace sabio sentado. Sí, voy de acuerdo, pero cuando llega a uno el poder, se ejerce sin piedad y sin demora. Y lo anterior (no poca cosa) es lo que está haciendo en el estado y a nivel nacional el “Cowboy Urbano”, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas. Está ejerciendo el poder y lo hace con una arista plenamente identificable e identificada: de cara a los jodidos, de cara a los necesitados. Es decir, llanamente, de cara a todos los ciudadanos de Coahuila.
El “Cowboy Urbano” gobierna para todos. Y esta manera huracanada de trabajar, de atender a todo mundo, tuvo su examen el pasado 7 de junio en la renovación del Congreso local: fue una zapatería, 16 a 0. ¿Y la oposición? De escándalo en escándalo, los ciudadanos saben exactamente lo que está pasando y lo que puede ocurrir si algunos políticos de baja estofa llegan a la gran liga: depredarían el presupuesto, los maleantes llegarían bajo su cobijo y amparo, y estaríamos retrocediendo.