España arrancó el Mundial con un empate que invitó a mirar mucho más hacia dentro que hacia fuera. El 0-0 frente a Cabo Verde no pareció tanto consecuencia de las virtudes del rival como de varias decisiones y circunstancias que terminaron alejando a la selección de su mejor versión.
La primera de ellas apareció en las bandas. Las ausencias de Nico Williams y Lamine Yamal obligaron a Luis de la Fuente a modificar el plan, pero también cambiaron la naturaleza del ataque español. Ferran Torres y Gavi ocuparon posiciones exteriores, aunque ninguno de los dos es un extremo natural ni un futbolista que viva pegado a la línea de cal.
La consecuencia resultó evidente. España perdió amplitud en un partido que precisamente pedía amplitud. Cuando una selección se encierra cerca de su área, abrir el campo suele ser una obligación más que una opción. Sin embargo, la selección terminó atacando demasiado por dentro y facilitó el trabajo defensivo de un rival que encontró pocos motivos para abandonar su estructura.
También dejó dudas la posición de Pedri. El canario firmó una de sus mejores temporadas desde que aterrizó en la élite gracias a su capacidad para dirigir el juego desde zonas más retrasadas. Allí recibió más veces, participó más y marcó el ritmo de cada ataque. Alejarlo de esa zona redujo parte de su influencia.
Pedri sigue siendo un futbolista diferencial cerca del área, pero España necesita mucho más al organizador que al llegador. La selección tiene talento de sobra en los últimos metros. Lo que no encontró fue un futbolista capaz de acelerar los ataques cuando los espacios desaparecieron.
Tampoco pareció justo hablar únicamente de falta de gol. España generó ocasiones para marcar, pero no consiguió transformarlas. El problema es que el debate no giró alrededor de la puntería. Lo preocupante fue que Vózinha, portero de Cabo Verde, apenas se convirtió en protagonista del encuentro.
¿Botón de pánico activado?
El preocupante empate ante Cabo Verde no es un drama definitivo para España, pero sí deja una seria advertencia. El combinado nacional tropezó en un estreno donde se esperaba una versión mucho más contundente, reflejando las primeras grietas de un bloque que por momentos se vio previsible y falto de ideas.
Cuando el guardameta caboverdiano ni siquiera necesitó firmar una actuación memorable para mantener su portería a cero, la explicación real estuvo antes del remate. España llegó, pero no siempre llegó bien; pisó zonas de peligro, pero no logró convertir esa presencia en una amenaza constante.
Las carencias salieron a la luz de forma evidente. Sin la electricidad de Nico Williams y Lamine Yamal sobre el césped, la Selección pierde esa chispa de genialidad y desborde, volviendo el ataque plano y facilitando las tareas de una defensa rival que se sintió muy cómoda.
A esto se sumó un problema estructural. Cuando Pedri se aleja de la base de la jugada, el equipo pierde el faro que ilumina la salida limpia y extravía la amplitud necesaria. Sin estas piezas clave en sus zonas de influencia, España parece un equipo mucho más normal.
En un torneo tan corto, donde cada detalle cuenta, descubrir tus defectos en la primera jornada puede resultar tan útil como peligroso. Luis de la Fuente tiene ahora la tarea de ajustar la pizarra a tiempo y demostrar que este tropiezo inicial fue solo un bache en el camino. @mundiario