La Copa del Mundo de 2026 sigue descorchando sus enfrentamientos más potentes de la fase de grupos y el estreno del bloque de favoritos no ha defraudado en cuanto a tensión dramática. Las selecciones de Bélgica y Egipto, señaladas de forma unánime por las quinielas como las dos grandes potencias llamadas a dominar su sector, firmaron unas intensas tablas (1-1) en su estreno oficial. El compromiso estuvo marcado por el dominio estratégico de los faraones durante gran parte del choque, una superioridad que terminó neutralizada por el impacto de Romelu Lukaku.
La puesta en escena del conjunto dirigido por Hossam Hassan evidenció una valentía encomiable en el plano táctico, adueñándose por completo de la posesión del esférico con registros superiores al 60% en el primer tramo. Egipto manejó los tiempos del partido con fluidez, mientras que el combinado belga, bajo las órdenes de Rudi García, se encomendaba de forma exclusiva a los chispazos de Jeremy Doku. Kevin De Bruyne avisó con un potente disparo desde la frontal que lamió el poste, pero la medular de los Diablos Rojos se mostraba densa y carente de ritmo creativo.
La recompensa a la insistencia y la superioridad táctica de los africanos se materializó en el minuto 19 de la primera mitad gracias a una genialidad colectiva. El astro del Liverpool, Mohamed Salah, trazó una diagonal perfecta para cederle el esférico en la frontal del área a Emam Ashour. El centrocampista aprovechó la pasividad defensiva de la zaga europea, que le otorgó excesivo espacio para levantar la cabeza, y conectó un latigazo inapelable pegado al poste izquierdo, haciendo inútil la estirada del guardameta Thibaut Courtois.
El gol en contra no espoleó de inmediato la reacción de los Diablos Rojos, que continuaban chocando de forma sistemática contra el muro defensivo liderado por Mohamed Hany. El lateral egipcio completó un marcaje espartano sobre Doku, secando la principal vía de desborde y profundidad del ataque belga. La renta egipcia estuvo a punto de ampliarse antes del descanso si no llega a ser por la intervención de Courtois, quien sacó una mano milagrosa abajo ante un remate cruzado de Zico y enmendó un error de Ngoy en la prolongación.
Rudi García optó por no mover el banquillo en el intermedio, limitándose a reubicar la posición de Doku hacia el carril central para desestabilizar la marca individual. La variante posicional surtió un efecto inmediato, provocando una peligrosa falta en la frontal en el minuto 53 que De Bruyne estrelló directamente en la madera. Aquella acción inauguró un tramo de ida y vuelta frenético en el que Egipto perdonó la sentencia tras un cabezazo de Salah tapado por Courtois y una galopada de Marmoush que se marchó alta.
El factor desestabilizador que cambió el rumbo del Grupo
Con el encuentro completamente roto y las urgencias lógicas del debut quemando en las piernas de sus futbolistas, Rudi García decidió activar su carta más pesada sobre el terreno de juego. Romelu Lukaku ingresó al rectángulo de juego en el minuto 66 en sustitución de un gris Charles De Ketelaere. La influencia del veterano ariete de la Roma resultó inmediata y devastadora para los intereses defensivos de los faraones, alterando el ecosistema del partido con su sola presencia en el área.
El tanto del empate insufló una inyección de adrenalina idónea en las filas de Bélgica, que pasó de la apatía inicial a embotellar a su oponente en el tramo final de la contienda. A partir de ese momento, el guardameta Shobeir tuvo que vestirse de héroe para salvar a Egipto de la remontada con una mano providencial tras un testarazo a bocajarro de Mechelen. El propio Lukaku dispuso de una última oportunidad aérea que se marchó rozando el travesaño, certificando que su regreso competitivo se ha completado con éxito.
El pitido final del colegiado repartió un punto para cada transatlántico en un estreno que deja lecturas sumamente contrapuestas en ambos vestuarios. Por un lado, Egipto demostró que posee los argumentos futbolísticos, el ritmo y el bloque colectivo necesarios para competirle de tú a tú a cualquier potencia del planeta. Por su parte, la Bélgica de Rudi García abandonó el césped con la certeza de que necesita mejorar sus prestaciones creativas, pero con el alivio de saber que su gran baluarte ofensivo está de vuelta.
La batalla por el liderato del grupo se traslada ahora a los despachos técnicos, donde ambos cuerpos de entrenadores deberán corregir los desajustes físicos evidenciados en el exigente tramo final del compromiso. El desgaste del debut mundialista pasó factura a los dos conjuntos, evidenciando que el ritmo de la alta competencia no dará tregua en los siguientes partidos.
Con la tranquilidad de haber salvado los muebles en una tarde que pintaba gris, los Diablos Rojos confían en que el impacto de Lukaku actúe como el punto de inflexión definitivo que desate el verdadero potencial de su ofensiva. El camino hacia las eliminatorias del Mundial 2026 no ha hecho más que empezar, y la pólvora en las áreas ya ha comenzado a dictar sentencia. @mundiario