
La narración es bella y conmovedora. Henry David Thoreau, pensador americano, se negó a pagar los impuestos al gobierno. Alegó que el dinero del erario se estaba destinando a comprar fusiles para la guerra contra México. Esa guerra, manifestó, era una injusta guerra de agresión. Él no colaboraría en la injusticia.
Fue a dar a la cárcel. Ahí lo visitó su amigo Ralph Waldo Emerson, otro famosísimo filósofo, cumplido ciudadano él.