nullCiudadanía y Café / Paloma Espinoza Cházaro
@palomaechazaro
Las negociaciones del T-MEC han abierto una nueva puerta… y también desbloqueado un nuevo miedo. Este acuerdo (que regula cómo comercian México, Estados Unidos y Canadá) no es menor: representa cerca del 27 por ciento del PIB mexicano y concentra alrededor del 80 por ciento de nuestras exportaciones hacia Estados Unidos. En pocas palabras, es la columna vertebral de nuestra economía.
Esta semana iniciaron formalmente las renegociaciones, con una fecha final clave para julio de 2026. No se trata de empezar de cero, sino de ajustar reglas. Ahí está el punto delicado.
Aunque el discurso es económico, la realidad es política. Estados Unidos no solo llega a negociar comercio; llegará con agenda en temas de seguridad, energía y geopolítica. Sí… los nombres detrás de la negociación importan: las decisiones no son técnicas; son profundamente estratégicas.
El T-MEC nos permite competir como bloque, producir en conjunto y posicionarnos en el mundo, pero también nos recuerda algo incómodo: dependemos más de lo que nos gusta admitir.
Así que mientras avanzan las negociaciones, nos tomamos un café y nos hacemos una pregunta sencilla: ¿Estamos fortaleciendo el motor… o solo ajustando piezas sin cambiar el rumbo?