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Radar Inteligente
Plaza de armas 16 Jun, 2026 04:20

Comentarios. Ninguno en “Off side”

Todas las naciones del planeta tienen para sus miembros pruebas de iniciación y, después de superadas, se adquiere   la   condición   de   adultos.   Se   trata   de infringirse   castigos   físicos   o   realizar   hazañas   de   valentía   o resistencia, como cazar un león o escalar una montaña.

En México la iniciación es tomar a un niño que empieza a tener uso de razón, ponerle la camiseta verde y obligarlo a ver a la selección de fútbol durante varios mundiales. Al cabo   de   unos   cuantos   años   formamos   seres   humanos endurecidos, escépticos, desconfiados y   fatalistas, listos para reírse como el Guasón o vivir cantando: “Esta vida mejor que se acabe”. Ya están entrenados para decir: “Jugamos   como   nunca   y   perdimos   como   siempre”.  Es durísimo llegar a ser plenamente mexicano.

Ahora el mundial ha estado rodeado de una circunstancia especialmente tensa: somos anfitriones. Al vía crucis de irle a la selección se suma la angustia de ser buenos anfitriones. Es un acontecimiento que somete a cualquier país a todo un análisis de su circunstancia y el papel de sus actores.

Recuerdo cuando niño en Querétaro, mi abuela citaba a todos los que trabajaban o habitaban en la casa, salvo a mi abuelo, que era un liberal contumaz. Ya reunidos, con voz solemne, nos anunciaba que nos visitaría a la casa el Señor Obispo. Acto seguido me apuntaba con el índice y me decía: “Y Edmundo, te advierto, no te vayas a lucir”.

Yo me reía hipócritamente, sabía lo que estaba detrás del: “No te vayas a lucir”. Debía bañarme, aunque no fuera sábado; ponerme en el pelo una goma verde, que creo se llamaba “Tragacanto”, y bolearme los zapatos. Mi comportamiento debía ser no solo inobjetable sino ejemplar. Pues con la mala noticia que nuestra Presidenta se lució en el principio del mundial.

No asistió a la inauguración, no les dio la bienvenida a los participantes ni a los asistentes, se fue a refugiar al Deportivo Galeana con una audiencia, controlada y, de seguro, retribuida. Vale señalar que la inauguración de todos los mundiales es presidida por el Jefe de Gobierno del país anfitrión.

Primera reflexión, según las encuestas oficiales, siete de cada diez mexicanos simpatizan con la científica, doctora en estufas de leña. ¿Por qué no se dejó querer por sus entusiastas partidarios?

Es impresionante la ceguera de la mayoría de los miembros de Morena, un amigo militante de este partido me decía: “Es que se trata de un gobierno de izquierda, el Estadio Azteca estaba colmado de puros fifís”. Entonces, le pregunto: ¿Por qué no fue a la Fan Fest en el Zócalo, donde seguro todos los asistentes eran beneficiarios de algún programa social? Sin respuesta de mi buen amigo.

La realidad es que el descontento social que abarca a la Presidenta y a su gobierno es de dimensión transversal. Prueba de ello es que miembros destacados de Morena, simplemente no se pueden presentar en público sin ser abucheados y hasta agredidos. Se lo pueden preguntar a Epigmenio Ibarra, Zaldívar, Adán Augusto López, por supuesto, a los hijos de López Obrador, más a “Andy”, y al impresentable y caricaturesco Fernández Noroña.

Estamos ante un fenómeno político inusitado, se ha implantado un gobierno populista con miembros que le tienen terror al pueblo, al pueblo no controlado.

Pero, además, es demasiado al miedo al abucheo por parte de la Doctora en estufas de leña, ya lo habían resistido en México otros ex presidentes. Recientemente hasta el propio Trump, que tampoco es el santo de la devoción de una buena parte de la opinión pública, asistió a un partido de básquet, aguantó la rechifla y finalmente le dio tiempo hasta de echarse una siestecita. Descomunal el miedo al ridículo de la clase política en el poder.

La inauguración fue todo un desastre, la niña a quien supuestamente la Presidenta le dio su boleto nunca apareció. ¿No les alcanzó por el precio del boleto? Tal vez la niña había tenido la experiencia de reclamar su premio en la rifa del avión presidencial y, para evitarse otra burla, prefirió no presentarse. Oficialmente no se dio tampoco ninguna explicación. El siniestro Infantino se quedó solo.

El espectáculo del principio fue triste y desabrido. Las estrellas invitadas desperdiciadas; los bailes con mujeres con traje típico se echaban unas machincuepas sin chiste. ¡Caray! Al menos unos mariachis, el huapango de Moncayo, la canción de Cielito Lindo. Algo que mostrara nuestra riqueza cultural al mundo y verdaderamente despertara la emoción. Un gran desperdicio ante millones de espectadores.  Lo más rescatable del acto fue Salma Hayek al dar la bienvenida, fuerte se escuchó: “Viva México. Viva el futbol”.

La opinión de que fue una auténtica majadería la ausencia de la Presidenta en la inauguración y que en realidad no quería tomar el riesgo del abucheo, cuando se hizo unánime esta opinión, ya no la defendían ni sus porristas reconocidos. La narrativa oficial recurrió, para atenuar la grosería, que ni Trump ni Carney, el primer ministro de Canadá, tampoco habían asistido al partido inaugural. Como si fuera igual un partido del torneo del mundial, que la ceremonia de inauguración del mundial. Es cuando la indignación se convierte en coraje con “En”. No les basta engañarnos, sino que nos quieren ver la cara.

La FIFA golea a la soberanía de cualquier país anfitrión. En los países sede de los mundiales se impone su reglamento sobre todo el marco jurídico de las naciones. Quién lo dude que les pregunte a los dueños de los palcos del Estadio Azteca, me niego rebautizarlo.

Días antes la FIFA había dado prueba de su superioridad política. La Presidenta, al recibir el trofeo del mundial, lo hizo en una “mañanera” con una escenografía que tenía el dibujo de la ola, símbolo publicitario de la Coca. Ella que había recomendado reiteradamente que no se bebiera los refrescos azucarados. La Presidenta tuvo que pasar el trago amargo de soportar el escenario comercial. De ese tamaño es la fuerza del FIFA.

A la CNTE no le quedó más remedio que dejar el paso a los aficionados del futbol. Una vez más aparecieron grupos encapuchados de negro, se dicen anarquistas, son vulgares reventadores de cualquier manifestación que no patrocine el gobierno. En mítines organizados por los opositores se les han visto bajar de camionetas con escudos de instituciones. Su misión es vandalizar y desacreditar movimientos, finalmente atemorizar a quien en el futuro decida asistir. Hasta la participación de estos mercenarios estuvo desangelada.

En el estadio, opositores al gobierno repartieron pañuelos blancos, la consigna era en un momento sacudirlos y gritar: “Fuera Morena”; tuvieron poco éxito. En pocas palabras, para los mexicanos la fiesta se impone ante cualquier otra causa política.

Finalmente la inauguración se realizó y rodó el balón, lo que tendrá como consecuencia que las protestas, momentáneamente se desinflen. La fiesta mundial es contagiosa, debilitará las movilizaciones y les dará una tregua al gobierno, pero los problemas del país ahí siguen y si todo sale bien el descrédito del gobierno podrá atenuarse, pero no desaparecer. La historia así lo prueba.

En el partido final del campeonato mundial celebrado en Argentina bajo la dictadura de Videla, durante el torneo no hubo manifestaciones en contra, pero después del triunfo de los locales, el grito en las calles era: “Argentina campeón. Videla al paredón”. Tómenlo en cuenta.

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