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El Financiero 17 Jun, 2026 03:57

Aun si reabren Ormuz, los problemas seguirán

El anuncio de un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán para establecer un alto el fuego por 60 días y reabrir el estrecho de Ormuz —con firma prevista el viernes 19 en Suiza— es, sin duda, una buena noticia para la economía global.

Los mercados así lo leyeron: el S&P 500 subió 3.3 por ciento desde el punto más bajo del lunes de la semana pasada hasta el cierre de ayer. Pero lo más significativo es que el petróleo Brent cayó por debajo de 80 dólares por primera vez desde principios de marzo. Los rendimientos del Tesoro cedieron y el mercado descartó alzas adicionales de tasas, aunque hay expectativa por el comunicado de la Reserva Federal de hoy.

Tras una guerra que estalló el 28 de febrero y mantuvo paralizado el punto por donde pasa una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo, el alivio es real.

Conviene, sin embargo, separar la euforia de los hechos. Reabrir Ormuz no equivale a normalizarlo, y buena parte del daño ya está hecho.

El banco Goldman Sachs recortó por segunda vez en una semana su pronóstico para el precio del petróleo: ve el Brent promediando 80 dólares en el cuarto trimestre (desde un previo de 90) y 75 dólares en 2027 (desde 80), asumiendo que las exportaciones del Golfo se normalicen hacia fines de julio, un mes antes de lo previsto.

Es una corrección relevante para la inflación importada y para los bancos centrales: el BCE fue el primero en subir tasas a causa de la guerra, y la caída del crudo les devuelve margen.

Para una economía abierta como la mexicana, un crudo más barato alivia presiones de precios, aunque por el lado exportador el efecto sea ambiguo.

Aquí empiezan las prevenciones. El estrecho fue minado, y el desminado tomará entre 40 y 50 días —pero podría ser hasta seis meses para quitar minas por completo—, advierten fuentes de seguridad marítima citadas por Reuters.

BIMCO, la principal asociación de la industria naviera, calificó de muy arriesgado iniciar tránsitos: un superpetrolero con su carga vale unos 300 millones de dólares, y basta una sola mina para causar víctimas. Más de 500 buques esperan en el Golfo. La consultora especializada Kpler estima que el tráfico llegaría a unos 40 cruces diarios en un mes: apenas 40% del nivel previo.

El segundo freno es el costo de los seguros. Las primas de riesgo de guerra, que rondaban 0.1% a 0.25% del valor del buque, escalaron a entre 1% y 8% por tránsito —de 3 a 8 millones de dólares para un gran tanquero—. Los aseguradores advierten que tardarán meses en bajarlas y exigen estabilidad sostenida. Reabrir, por sí solo, no restablece los flujos.

El golpe a la infraestructura es el costo más persistente. La Agencia Internacional de Energía (AIE) contabilizó más de 80 instalaciones energéticas atacadas en nueve países, con más de un tercio severamente dañadas; su director, Fatih Birol, comparó el choque con las crisis petroleras de los setenta y la del gas de 2022 juntas. Rystad estima daños por hasta 58 mil millones de dólares, una factura de reparación de al menos 34 mil millones y hasta dos años para recuperar la producción previa. Qatar perdió 17% de su capacidad de exportación de GNL; Kuwait habla de 3 a 4 meses. Y las reparaciones exigen contratistas internacionales a costos inflados por el conflicto y bajo seguros inciertos.

A ello se suma el efecto macroeconómico que el repunte de los mercados no borra. Durante el conflicto el Brent llegó a rozar los 120 dólares y la inflación llegó a 4.2 por ciento en Estados Unidos; la AIE liberó 400 millones de barriles de reservas y Japón otros 80 para contener el golpe. El FMI ya recortó su estimación de crecimiento global de 2026 a 3.1% —desde el 3.4% que preveía antes de la guerra— y elevó la inflación a 4.4%. La eurozona crecería 1.1%, frente a 1.4% en 2025. Ese producto interno bruto perdido y los precios ya elevados no se revierten con la reapertura.

El acuerdo aún no se firma —será el 19— y todo indica, no resolverá el tema del programa nuclear iraní; si las negociaciones fracasan en el curso de los próximos dos meses, Irán podría volver a cerrar el estrecho. El oro, que sigue arriba de los 4 mil 300 dólares pese a las ganancias bursátiles, delata esa desconfianza.

Celebrar el fin de la guerra es legítimo. Pero confundir el repunte bursátil con una normalización económica cercana sería un error de lectura.

Lo que se reabre es un corredor; lo que tardará en sanar son la confianza, la infraestructura y el crecimiento perdido.

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