El Mundial de fútbol es, entre otras muchas cosas, una invitación a comer bien. Las dieciséis ciudades sede del torneo de 2026 —repartidas entre México, Canadá y Estados Unidos— conforman un mapa gastronómico de primer orden mundial. Tres de ellas, sin embargo, merecen atención especial: Ciudad de México, Toronto y Nueva York. No sólo por su peso en el fixture, sino porque representan tres formas radicalmente distintas de entender la cocina, la mesa y la identidad cultural a través de la comida.
Ciudad de México: la capital del sabor
Pocos destinos en el mundo pueden presumir de una escena gastronómica tan rica, tan arraigada y tan internacionalmente reconocida como Ciudad de México. La cocina mexicana es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010, y la capital es su mejor embajadora.
El Estadio Azteca, sede del partido inaugural entre México y Sudáfrica, se encuentra en una ciudad que ofrece desde los tacos de canasta más humildes hasta los restaurantes de alta cocina más sofisticados del continente americano. Pujol, del chef Enrique Olvera, lleva años entre los cincuenta mejores restaurantes del mundo y es visita obligada para quien quiera entender hasta dónde puede llegar la reinterpretación de la tradición culinaria mexicana.
Pero Ciudad de México se disfruta, sobre todo, en la calle. Los mercados de Coyoacán y La Merced, los puestos de tlayudas en la Condesa, el chocolate caliente con churros en San Ángel: la ciudad es un banquete permanente que no requiere reserva ni presupuesto elevado para resultar memorable.
Toronto: la cocina más diversa del mundo
Toronto es, según varios índices internacionales, la ciudad con mayor diversidad étnica del planeta. Eso se traduce en una oferta gastronómica extraordinariamente plural, donde conviven con igual autenticidad la cocina coreana del barrio de Koreatown, el caribeny de Little Jamaica, la pasta artesanal de la Pequeña Italia y la dim sum de Chinatown.
El BMO Field, donde Canadá disputará su partido inaugural, es el punto de partida para explorar una ciudad que ha desarrollado en los últimos años una escena culinaria propia y reconocible. Chefs como Grant van Gameren o Patrick Kriss han colocado a Toronto en el mapa gastronómico internacional con propuestas que combinan técnica contemporánea y producto local.
La recomendación para quien visite la ciudad durante el Mundial es sencilla: alejarse del centro turístico y explorar los barrios. Kensington Market, con su mezcla caótica y deliciosa de puestos, cafeterías y restaurantes informales, es el lugar donde Toronto muestra su alma más auténtica.
Nueva York: donde todo es posible
La final del Mundial 2026 se disputará el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, a escasos kilómetros de Manhattan. Nueva York no necesita presentación gastronómica, pero sí merece una mirada específica para el visitante que llegue con poco tiempo y muchas ganas de comer bien.
La ciudad tiene restaurantes de prácticamente cualquier cocina del mundo, pero su identidad culinaria propia es más reconocible de lo que parece. El bagel con salmón ahumado del Lower East Side, la pizza de corteza fina de Brooklyn, el cheesecake de Junior's en Times Square o el pastrami del Katz's Deli son experiencias que trascienden lo gastronómico y se convierten en actos culturales.
Para quienes busquen alta cocina, el corredor de restaurantes entre el West Village y el Meatpacking District ofrece algunas de las mesas más interesantes de la escena actual. Le Bernardin, de Eric Ripert, y Eleven Madison Park, de Daniel Humm, siguen siendo referencias ineludibles.
La mesa también juega
El Mundial 2026 es una oportunidad única para descubrir que el fútbol y la gastronomía comparten algo esencial: ambos son formas de hablar de identidad, de origen y de comunidad. Las ciudades sede no son sólo escenarios de un torneo deportivo. Son invitaciones a sentarse a la mesa y entender el mundo desde otro ángulo. Uno, en este caso, delicioso. @mundiario