La periodista y escritora Anabel Hernández vuelve a colocar el narcotráfico y sus vínculos con las estructuras de poder en el centro de la conversación con “Narcocracia. El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México”, su nuevo libro, basado en el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, alias “El Grande”, exintegrante de la estructura de los Beltrán Leyva y testigo de cargo en el juicio contra Genaro García Luna.
En entrevista exclusiva con Publimetro, Anabel Hernández explica por qué eligió el término Narcocracia para titular su nueva investigación, cómo consiguió acercarse a “El Grande” y cómo construyó durante meses un testimonio que, asegura, contrastó con documentos y declaraciones previas.
Además, habla de los personajes de la farándula que aparecen en el libro, de las revelaciones políticas que forman parte de su investigación y de las amenazas que afirma haber recibido.
Presenta su nuevo libro: "Narcocracia. El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México" | Source : Jacqueline Sánchez¿Por qué “Narcocracia”?
¿Por qué decidiste llamar Narcocracia a tu nuevo libro?
—Porque Narcocracia tiene dos sentidos. Uno es un modelo de gobierno y el otro es una nueva clase social, una nueva élite en el poder. Y en esta nueva clase social están integradas muchas personas famosas de la farándula, hombres y mujeres que tienen diferentes papeles: algunos como juglares, otros como acompañantes y otros como parejas sexuales o sentimentales de narcotraficantes.
Algunos recibieron dinero ilegal a cambio de cantar, de ofrecer conciertos privados o por relaciones de carácter sentimental o sexual. Pero esto no se limita a la farándula. El crimen organizado penetró Los Pinos, penetró Palacio Nacional, penetró los partidos políticos y penetró incluso a la Iglesia.
Hay un capítulo en el que hablo, por ejemplo, de familiares del obispo de Cuernavaca y de sacerdotes relacionados con él que, de acuerdo con el testimonio que presento, prestaban conventos donde había monjas para que Arturo Beltrán Leyva realizara fiestas y bacanales.
Por eso Narcocracia no es solamente una palabra llamativa. Es la descripción de un fenómeno que, desde mi investigación, ha ido tomando forma durante muchos años.
¿Qué encontraste en esta investigación para llegar a esa conclusión?
—Yo llevo alrededor de 20 años investigando al Cártel de Sinaloa. He trabajado con documentos judiciales, con policías corruptos y no corruptos, con militares y con diferentes fuentes. Incluso tuve acceso al diario secreto de Vicente Zambada.
La diferencia ahora es que tuve frente a mí a una persona como Sergio Villarreal. Yo podía preguntarle una y otra vez cómo sabía algo, dónde había ocurrido, cuándo, quién estaba presente, qué había visto, cómo estaban vestidos, y después volver a preguntárselo meses más tarde.
Entonces podía comparar sus respuestas con documentos, con testimonios anteriores y con información que ya había obtenido durante años de investigación.
¿Cómo llegaste hasta Sergio Villarreal y cómo se convirtió su testimonio en el eje de Narcocracia?
—Lo vi por primera vez frente a frente durante el juicio de Genaro García Luna. Él estaba en el área destinada a los testigos y yo estaba en la zona de prensa.
Cuando terminó una de las jornadas y la sala comenzó a vaciarse, nos vimos. Hubo un gesto de saludo y yo interpreté que podía existir una posibilidad de acercamiento.
Busqué a su abogado. Me dijo que durante el juicio Sergio no podía hablar conmigo, pero que quizá después sería posible.
El primer contacto directo se dio a finales de 2023, cuando pudimos hablar por teléfono. Esa conversación cambió completamente mi panorama porque fue la primera vez que escuché de su propia voz que había entregado dinero a la campaña de Andrés Manuel López Obrador, aunque en ese momento todavía no podía decirlo públicamente.
Durante 2024 comenzaron las reuniones. Al principio yo no estaba pensando simplemente en hacer una entrevista, sino en determinar qué tan confiable era lo que estaba diciendo. Tenía documentos, acusaciones y transcripciones de otros procesos, así que podía comparar lo que él decía espontáneamente con lo que ya había declarado anteriormente.
¿Qué buscabas comprobar durante esas entrevistas?
—Buscaba consistencia. No solamente que contara una historia, sino que pudiera sostenerla en diferentes momentos y que sus respuestas coincidieran con documentos y otros elementos de la investigación.
Después encontré documentos que, desde mi interpretación, permitían contrastar parte de lo que estaba diciendo. Por ejemplo, un documento de la DEA relacionado con una investigación de 2011 y un diagrama en el que, según mi investigación, Sergio Villarreal tenía un papel importante en el flujo de dinero hacia la campaña de López Obrador.
En 2025 comenzamos a grabar cada una de las entrevistas. Fueron meses de trabajo.
Lo que hace históricamente importante este testimonio, desde mi perspectiva, es que estamos hablando de una persona que estuvo en la parte alta de una organización criminal y que decidió romper el silencio. Es alguien que fue juzgado, que cumplió una condena y que además fue testigo y colaborador del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Presenta su nuevo libro: "Narcocracia. El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México" | Source : JACQUELINE SANCHEZLa farándula dentro de la “Narcocracia”
En tus libros anteriores ya habías abordado la relación entre figuras del espectáculo y narcotraficantes. ¿Qué encuentras ahora en Narcocracia?
El título de Narcocracia tiene dos sentidos: narcocracia como modelo de gobierno y narcocracia como una nueva clase social.
Como una nueva élite que está en el poder y pues que son los que están, dijéramos, partiendo el pastel en este momento en México, desgraciadamente.
En esa narcocracia que emerge están muchas mujeres y hombres famosos, de la farándula que han jugado el papel de juglares, de damas de compañía, de compañeras sexuales, compañeras sentimentales de estos narcotraficantes que forman parte de esta élite que ha sido intocable hasta ahora.
Personajes que han recibido dinero ilegal a cambio de esta música que le cantan a los narcos, a cambio de estos conciertos privados que dan y a cambio de la compañía sexual y sentimental.
Entonces, estamos hablando de hablar de este fenómeno, hablar de cómo el mundo del espectáculo es parte de esta narcocracia.
Cómo el crimen organizado no solo penetró Los Pinos, Palacio Nacional, los partidos políticos, la Iglesia.
Hay un episodio de la Iglesia católica donde familiares del obispo de Cuernavaca, sacerdotes que eran familiares del obispo de Cuernavaca, le prestaban a Arturo Beltrán Leyva conventos con monjas para hacer bacanales.
Esas partes son también partes de esta narcocracia.
Entonces, estamos hablando de que penetran todo, incluyendo el mundo del espectáculo, incluyendo a mujeres que en aquella época estaban en la cúspide de la fama. Eran el principal rostro de televisoras. Eran conductoras en programas en prime time.
Eran conductoras de programas sensibles e infantiles.
Bueno, mientras todas estas mujeres famosas andaban siendo el rostro, la imagen más visible de cadenas de televisión, al mismo tiempo, en sus tiempos libres iban a departir sexualmente con narcotraficantes a cambio de dinero.
—La farándula forma parte de esta Narcocracia.
¿Qué personajes de la farándula aparecen en el libro y qué tipo de historias encuentras sobre ellos?
—Los nombres esta ahí, en el libro; cada uno con diferentes historias, con diferentes niveles de involucramiento y de presencia.
Por ejemplo, aquí Sergio Villarreal Barragán ratifica lo que yo dije en Las señoras del narco: que Paty Navidad fue a cantarle a Arturo Beltrán Leyva a la casa de seguridad, toda custodiada de escoltas, y ahí Sergio Villarreal narra cómo fue ese episodio. Él estuvo ahí.
Él tuvo incluso que controlar un poco que la fiesta no se saliera de control. Ahí están sus propias explicaciones, según él, cómo les dice cómo no excederse en ciertas cosas porque Arturo Beltrán Leyva era diabético, etcétera, etcétera.
Ahí en el libro viene cada quien, quién, en qué grado, en qué momento específico tuvo su entrada triunfal —entre comillas, irónicamente hablando, por supuesto— en este mundo criminal.
El papel de Galilea es un papel profundo; hay escenas que incluso yo edité porque pensé que tal vez sean excesivas; por el nivel de situaciones en las que ella participó.
Pero bueno, hay otras que sí están en el libro, pues porque te habla de cómo estas relaciones, incluso íntimas, podían ser incluso a la vista de algunos de los lugartenientes de Arturo Beltrán Leyva, como el propio Sergio Villarreal.
¿También abordas a personajes de distintas generaciones, como Joan Sebastian y Peso Pluma?
—Peso Pluma no está en el libro, él está en un reportaje que publiqué en 2023. Joan Sebastian sí aparece en el libro porque era de aquella época, evidentemente. Sergio Villarreal no puede hablar de un muchacho que apenas acaba de emerger en el mundo del espectáculo, me refiero a Peso Pluma, pero él habla de la época, de lo que le costó y de lo que vio.
Y lo que vio es esta amistad estrechísima entre Joan Sebastian y Arturo Beltrán Leyva y la relación de negocios entre Federico Figueroa, el hermano de Joan Sebastian, en temas de narcotráfico, en temas de tráfico de drogas con Arturo Beltrán Leyva. Es decir, los dos hermanos tenían relación con el cártel.
En tus investigaciones anteriores hablaste de presuntos vínculos de políticos con el narcotráfico. ¿Qué aporta ahora el testimonio de “El Grande”?
—Aporta una dimensión mucho más amplia de la relación entre el crimen organizado y el poder político.
Lo que Sergio puede documentar, desde mi investigación, muestra una estructura de corrupción que viene de muchos años atrás, por lo menos desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari hasta Felipe Calderón.
Hay caminos paralelos entre el Estado y los cárteles que terminan cruzándose a través de sobornos, operadores políticos y familiares de presidentes.
Una de las revelaciones que presenta el libro es que Amado Carrillo Fuentes acudió a Los Pinos durante el gobierno de Salinas. Sergio cuenta que lo acompañó en los vehículos y que vio cómo ingresó a la Residencia Miguel Alemán.
También habla de los hijastros de Vicente Fox y de su presunta participación como intermediarios en operaciones relacionadas con precursores químicos provenientes de China durante la primera gran etapa de producción de metanfetaminas. En ese relato aparece Nacho Coronel y posteriormente la conexión con Rubén Oseguera.
¿Qué otros episodios políticos consideras centrales en el libro?
—Hay un punto que considero particularmente importante. El testimonio de Sergio Villarreal, según mi investigación, permite documentar que en 2006 un movimiento político recibió patrocinio del crimen organizado y que posteriormente ese movimiento se convirtió en un partido político.
También existe, de acuerdo con su testimonio, una relación de corrupción y financiamiento que alcanza diferentes partidos y gobiernos.
En el caso de Felipe Calderón, considero que existe una corresponsabilidad que va más allá de Genaro García Luna.
Sergio fue detenido en 2010 y, en agosto o septiembre de ese año, rindió declaraciones ante la entonces PGR. Estuvo con Marisela Morales, dos agentes de la DEA y fiscales. De acuerdo con uno de los cinco testigos gubernamentales que entrevisté, ahí habló de pagos a García Luna, al secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, y de financiamiento a campañas de Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.
¿Por qué, según tu investigación, no se abrió una investigación a partir de esas declaraciones?
—Porque investigar a López Obrador también habría implicado investigar a otras personas señaladas en esas declaraciones, entre ellas García Luna y Galván. Eso habría generado un efecto político y judicial muy difícil de controlar.
Mi investigación plantea que la relación entre crimen organizado y política no puede analizarse como si se tratara únicamente de un funcionario corrupto o de un partido determinado. Es un problema mucho más amplio.
Las amenazas y el costo de investigar
Después de publicar Narcocracia, ¿has recibido amenazas o algún tipo de intimidación?
—Sí. He recibido intimidaciones y amenazas de muerte. Dos organizaciones expertas en este tipo de situaciones evaluaron las amenazas y me dijeron que son serias.
Por eso hice público que responsabilizo a las autoridades de cualquier cosa que pudiera sucederme.
No lo digo de manera ligera. Lo digo porque conozco lo que ha ocurrido con periodistas que han investigado redes de poder y crimen organizado.
Porque quienes quieren silenciar este libro no solamente quieren callarme a mí. Lo que quieren evitar es que la sociedad tenga acceso a esta información y pueda formar su propio criterio sobre lo que está ocurriendo y decidir si quiere vivir en una democracia o en una Narcocracia.
Después de más de dos décadas investigando al crimen organizado, ¿qué representa para ti llegar a este punto?
—Es una investigación que me ha obligado a profundizar mucho más. En algún momento pensé que lo que había descubierto con García Luna era lo peor que podía encontrar y me equivoqué.
Para mantenerse en este trabajo hay que conservar la capacidad de indignarse y también la capacidad de sorprenderse.
Entrevistar a personas que estuvieron dentro del narcotráfico es algo muy duro. Hay momentos dolorosos y difíciles de procesar.
Pero también permite entender que el problema del crimen organizado no puede separarse de la política, de la economía y de las instituciones.
Esa relación está en el centro de muchos de los problemas que enfrenta México: pobreza, desigualdad, violencia, desapariciones y problemas económicos.
Mi preocupación es que, si la sociedad acepta esta realidad sin reaccionar, podemos terminar viviendo una especie de colonia narca. Y si no la acepta, entonces puede comenzar una resistencia frente a lo que considero una narcoconquista o una narcocolonización.
¿Dónde y cuándo se presentará Narcocracia?
—La presentación será este jueves 24 de septiembre a las 19:00 horas en el Club de Periodistas, en el Centro de la Ciudad de México.
Ahí presentaré el libro y hablaré con el público sobre esta investigación y sobre los testimonios que forman parte de Narcocracia.