Mientras el mundo esperaba una ceremonia internacional cuidadosamente preparada en Suiza, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al adelantar la firma del acuerdo con Irán para poner fin al conflicto en Medio Oriente.
La decisión llamó la atención porque rompió con una de las características más reconocibles del mandatario republicano: convertir los grandes anuncios diplomáticos en eventos de alto impacto mediático.
En esta ocasión, la firma ocurrió entre mensajes contradictorios, procedimientos electrónicos y una ratificación física realizada durante una cena en el Palacio de Versalles, en Francia.
Firma acelerada y confusa
El gobierno iraní confirmó que el acuerdo fue firmado electrónicamente por ambos presidentes.
Esmaïl Baghaï, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, declaró a la agencia oficial IRNA que el memorando quedó formalmente concluido y que una ceremonia presencial “realmente no tiene sentido”.
Horas antes, Trump había declarado durante la cumbre del G7 en Francia que el acuerdo podría firmarse “quizás el jueves o el viernes”. Sin embargo, pocas horas después apareció firmando una copia física del documento durante una cena con Emmanuel Macron, presidente de Francia, en el Palacio de Versalles.
La secuencia generó incertidumbre incluso entre gobiernos involucrados en la mediación, ya que originalmente la Casa Blanca contemplaba una ceremonia formal en Suiza.
¿Por qué Trump evitó el espectáculo?
La respuesta parece estar menos relacionada con la diplomacia y más con la economía, durante su comparecencia ante medios en Francia, Trump reconoció que la continuidad de la guerra amenazaba con provocar una crisis económica global debido al cierre parcial del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
“Si esto hubiera continuado, habría provocado una catástrofe económica”, afirmó el mandatario.
A diferencia de acuerdos anteriores, donde Trump buscó maximizar el impacto político de cada fotografía, esta vez la prioridad parecía ser enviar una señal inmediata a los mercados internacionales de que el conflicto comenzaba a desactivarse.
El elemento más importante del acuerdo es la reapertura gradual del estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo.
Durante las semanas de conflicto, las restricciones al tráfico marítimo provocaron presiones sobre los precios internacionales de la energía y generaron preocupación en gobiernos y mercados.
El memorando contempla un periodo inicial sin cobro de peajes para embarcaciones comerciales mientras continúan las negociaciones sobre un acuerdo definitivo.
Pacto secreto
Aunque Washington e Irán confirmaron la firma, el texto completo aún no ha sido publicado oficialmente.
Los borradores divulgados indican que Irán aceptaría negociar el futuro de sus reservas de uranio enriquecido bajo supervisión internacional, mientras que Estados Unidos permitiría nuevamente la venta de petróleo iraní y respaldaría un programa de reconstrucción económica valorado en cientos de miles de millones de dólares junto con aliados regionales.
Sin embargo, el acuerdo deja abiertos asuntos delicados como el programa balístico iraní, las relaciones con grupos aliados de Teherán y el futuro de las sanciones internacionales.
Firma sin cámaras
Paradójicamente, uno de los acuerdos más relevantes de la presidencia de Trump terminó ocurriendo de forma opuesta a la que suele caracterizar al mandatario.
No hubo una gran ceremonia internacional, ni una conferencia exclusiva desde la Casa Blanca, ni una imagen histórica cuidadosamente preparada para televisión.
Hubo una firma electrónica, una cena en Versalles y la urgencia de evitar que la guerra siguiera golpeando a la economía mundial.