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Mundiario 06 Oct, 2026 19:16 (6 min de lectura)
Riesgo / Alerta

El duelo del oprobio en Vestidas para un baile en la nieve, de Monika Zgustova

El duelo del oprobio en Vestidas para un baile en la nieve, de Monika Zgustova
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Reseña de 'Vestidas para un baile en la nieve' de Monika Zgustova.
• Análisis del oprobio y segregación en los gulags soviéticos.
• Testimonios sobre violencia institucional y deshumanización.

Lo importante en un testimonio no es tanto la revelación de la verdad, sino cuando esta misma verdad se solapa y se oculta entre líneas, cuando se ampara en la elipsis para alcanzar con más fuerza la rotundidad de la paradoja. Vestidas para un baile en la nieve (Galaxia Gutenberg) sigue esa tradición de la literatura testimonial en la que Kapuściński o Alexiévich retrataron con severidad las grandes transformaciones sociales de  nuestro tiempo, auspiciadas por la eficacia del oprobio y la violencia. Zgustova es tan valiente como estos referentes y se atreve a dar cuenta del ultraje y la servidumbre que conllevó el régimen comunista a través de sus procesos de segregación y exclusión en los gulags. 

Monika Zgustova no hace ninguna clase de apología a favor de las libertades democráticas o de la bonhomía de las libertades constitucionales de las que se disfruta en gran parte de las sociedades desarrolladas. No es necesario, porque Zgustova pone en evidencia el sometimiento y la planificación que significó el comunismo en Rusia a partir de la sucesión de testimonios de mujeres a las que Stalin y sus sucesores marginaron y castigaron desde una impunidad sacralizada, basada en todo aquello que caracteriza a un régimen dictatorial: militarización y control social. La represalia de operar contra el régimen y de hacer uso de la libertad de expresión trazaba un sendero hacia la invisibilidad social y pública. El trabajo etnográfico de la autora de La noche de Valia reside en dar paso a la claridad expositiva de unas confesiones en las que detecto dos motivos temáticos o isotopías que son recurrentes a lo largo de la obra: la decepción de la utopía y la resignación.

Vestidas para un baile en la nieve – Galaxia Gutenberg

"Cuando estaba en la celda, cada vez me hacía más preguntas que, a primera vista, parecían simples de contestar: ¿por qué durante toda la noche no apagaban aquella luz cegadora de las celdas? ¿Por qué los interrogatorios se realizaban la mayoría de las veces por la noche? ¿Por qué teníamos que hacer nuestras necesidades en un cubo cuando el edificio de la prisión es un antiguo hotel con sus suelos de parqué y sistema de agua corriente? ¿Por qué arrancaron de nuestras ropas toda clase de botones y cierres e incluso quitaron la goma que ciñe la ropa interior al cuerpo?" (págs. 33-34)

"En el hospital de Volodárovka di a luz un bebé muerto ..." (pág. 37)

"Eran frecuentes los fusilamientos en masa. A finales de los años cuarenta, en Mulda se masacró, por "amotinamiento", a toda la población de un gulag de hombres. El suelo y las paredes de los barracones de aquel campo arrasado estaban manchados de sangre y fragmentos de cerebro cuando nuestra partida e presas desembarcó allí para reemplazar a los fusilados...". (págs. 119-120)

Conmueve la violencia explícita de los testimonios, no por su crudeza solamente, sino por el origen de esa crudeza. Un origen basado en el adiestramiento. El adiestramiento que conduce inexorablemente a la impulsividad y a los automatismos, a comportamientos en los que la deshumanización de la víctima hace que el autoritarismo y la cinchura hagan del verdugo también una clase de despojo moral. La ideología queda a merced del cinismo y la arbitrariedad. Tenía razón Arendt al calificar de totalitarismo tanto al hitlerismo como a las políticas comunistas de los soviets, puesto que la obra de Zgustova pone en evidencia que la compulsión del asesinato no fue exclusiva de un solo sesgo político. Y es ahí donde comienza la desmitificación del comunismo a través de estos testimonios.

"Una vez me desperté por la mañana y encontré a mi mejor amiga muerta. Sentí desconsuelo, pero no tuve más remedio que acostumbrarme a prescindir de ella porque la muerte estaba a la orden del día. Mi hermana cogió el tifus y estuvo enferma mucho tiempo. Pero era joven, se curó y sigue con vida; ahora vive en Birmingham y tiene ochenta y seis años". (pág.199)

Son estas descripciones sucintas de la fisicidad del daño las que desmontan cualquier defensa del régimen, las que conllevan el fracaso de todo un sueño con el que se habían creado tantas expectativas utópicas hacia una hermandad social igualitaria. Pero la creencia se volvió fanatismo. La etimología de fanatismo remite a una inspiración divina, así que todo oprobio estaba justificado desde una absurda trascendencia y, tras el desmoronamiento de la quimera, quedó la resignación, la asimilación de una derrota, sin venganza, redundante en el hastío, más bien tramada en una huida hacia adelante, donde el lenguaje no siempre acierta a descifrar la estigmatización de quien sobrevivió al gulag.

"Ya en el gulag, donde mi madre siguió ejerciendo la medicina, la trasladaron de urgencia a otro campo cuyo médico jefe había fallecido para que ocupara su puesto. Lo rimero que hizo fue visitar la enfermería, donde tomó contacto con los pacientes y estudió sus historiales clínicos, (...). Además, estaba entre sus competencias aprobar el régimen especial de alimentación para los que padecían enfermedades estomacales graves, como por ejemplo una úlcera. Y se encontró con que quienes gozaban de ese régimen para enfermos estaban sanos, eran presos comunes con una posición privilegiada en el gulag, mientras que las personas que no formaban parte de su casta estaban literalmente moribundas, sin que nadie se preocupara por ellas. Se estaban pudriendo en vida, y nadie se molestaba siquiera en darles de comer". (pág. 207)

Ese carácter fragmentario de la obra a partir de las diferentes entrevistas a las supervivientes de los gulags permite que el lector haga su propia reconfiguración de una condena en vida que formó parte de la política estalinista, de su instauración y pervivencia a lo largo de las décadas. La purga de documentos y confesiones libró de toda responsabilidad al comunismo hasta la publicación de Archipiélago gulag y, si bien, el exterminio judío a cargo del régimen nazi tuvo otras características desde su orquestación, tanto en su planificación política como en su ejecución, esta obra de Zgustova indaga en esa fase terminal que fue la posguerra para Europa y donde la política institucional de los soviets trató al hombre como hombre masa, como objeto, como utensilio, pura carroña, pavesas, una pieza de obsolescencia programada.

"Aún no le he contado que, tras el aborto, tuvo lugar un juicio sumario. Después de eso a Olga la internaron en un campo de concentración, en Potma, república de Mordovia, donde las presas trabajaban hasta catorce horas diarias cavando tierra dura y cargándola en un camión". (pág. 233) @mundiario

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