La guerra de Ucrania ha entrado en una nueva etapa. No porque el conflicto esté cerca de terminar ni porque las negociaciones de paz hayan cristalizado, sino porque en Bruselas empieza a imponerse la sensación de que el equilibrio de las estrategias está cambiando. La afirmación más significativa la realizó esta semana la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al asegurar que tiene la impresión de que “la marea está cambiando” a favor de Kiev.
“Quiero unirme a quienes felicitan a Ucrania por la apertura del primer clúster. Es un gran paso adelante. Felicidades. Y se lo merecen porque han estado trabajando muy duro para avanzar en las reformas necesarias. Esperamos que durante el verano podamos abrir más clústeres. Esto es muy importante porque cuando Ucrania cumple, nosotros también tenemos que cumplir”, ha dicho la jefa del Ejecutivo comunitario antes del Consejo Europeo.
Estas declaraciones de la democristiana alemana reflejan una lectura compartida cada vez por más dirigentes comunitarios, en la que Ucrania no solo resiste, sino que se está convirtiendo en un actor central para el futuro de la seguridad europea.
Durante los últimos meses, Kiev ha logrado mantener la presión sobre las posiciones rusas mientras desarrolla capacidades tecnológicas propias, especialmente en el ámbito de los drones, que han sorprendido incluso a algunos socios occidentales. Los recientes ataques contra infraestructuras estratégicas rusas, incluida la región de Moscú, han reforzado la percepción de que el conflicto ya no se desarrolla exclusivamente en territorio ucraniano y que la capacidad de adaptación de las fuerzas de Volodímir Zelenski es superior a la prevista hace apenas un año.
Sin embargo, el verdadero cambio señalado por Von der Leyen no se encuentra únicamente en el campo de batalla. Está también en la política europea. La apertura del primer bloque de negociación para la adhesión de Ucrania a la Unión Europea constituye un hito histórico que hace apenas unos años parecía impensable. La presidenta de la Comisión ha dejado claro que su intención es acelerar el proceso y abrir nuevos capítulos de negociación durante el verano. Si Ucrania cumple las reformas exigidas por Bruselas, la Unión debe responder con avances concretos.
Los Veintisiete impulsan la adhesión de Ucrania
La insistencia de Von der Leyen revela además una convicción estratégica cada vez más extendida en las instituciones europeas. La integración de Ucrania ya no se contempla únicamente como una cuestión de solidaridad política, sino como una inversión en la seguridad futura del continente.
La guerra ha transformado la percepción europea sobre Ucrania. Lo que antes era visto como un país situado en la periferia oriental de Europa se considera ahora una pieza esencial en la arquitectura de defensa del bloque. La experiencia acumulada por el ejército ucraniano, su industria tecnológica vinculada a los drones y su capacidad de resistencia frente a Rusia son observadas en Bruselas como activos estratégicos de enorme valor.
El contexto político también ha cambiado. Durante años, la ampliación hacia Ucrania estuvo condicionada por los vetos y las reservas de algunos Estados miembros. Hoy, la situación es distinta. La desaparición de los bloqueos sistemáticos que caracterizaron etapas anteriores ha permitido construir una posición mucho más cohesionada dentro del Consejo Europeo.
Esa nueva unidad explica el optimismo mostrado por António Costa, presidente del Consejo Europeo, cuando afirmó que los Veintisiete respaldan a Ucrania. Aunque persisten diferencias sobre la velocidad del proceso de adhesión, el debate ya no gira en torno a si Ucrania debe entrar en la Unión, sino sobre cuándo y bajo qué condiciones podrá hacerlo.
Deshielo diplomático con Rusia
No obstante, el entusiasmo de Bruselas convive con una realidad más compleja. Líderes como el canciller alemán Friedrich Merz recuerdan que la adhesión es un procedimiento largo, condicionado por exigencias jurídicas, económicas e institucionales que requieren años de adaptación. La experiencia de anteriores ampliaciones demuestra que ningún candidato accede rápidamente al club comunitario.
Por eso, el objetivo a corto plazo no es una incorporación acelerada, sino consolidar una senda política irreversible que envíe una señal clara tanto a Kiev como a Moscú. Para la Unión Europea, cada nuevo capítulo abierto en las negociaciones supone una demostración de que Rusia no puede impedir la integración europea de Ucrania mediante la fuerza militar.
Al mismo tiempo, la cumbre ha puesto de manifiesto otra realidad significativa: la creciente disposición europea a explorar canales de comunicación con Moscú sin renunciar al apoyo a Kiev. Los contactos diplomáticos mantenidos recientemente con el Kremlin evidencian que Bruselas busca mantener abiertas todas las opciones posibles para una futura negociación, aunque sigue predominando el escepticismo respecto a las verdaderas intenciones de Vladimir Putin.
Mientras algunos diplomáticos europeos intentan preservar espacios mínimos de diálogo con Rusia, la Unión acelera simultáneamente la integración política de Ucrania. Es una estrategia dual que combina presión, disuasión y preparación para un escenario de largo plazo.
La declaración de Von der Leyen sobre el cambio de marea resume precisamente esa nueva visión europea, que tiene la convicción de que la guerra está redefiniendo el mapa político del continente. Y en ese nuevo mapa, Ucrania aparece cada vez menos como un vecino protegido por Europa y cada vez más como un futuro miembro de pleno derecho cuya incorporación se considera una cuestión estratégica para el proyecto comunitario. @mundiario