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El Economista 19 Jun, 2026 13:36

Vive Guadalajara noche histórica con Maná en La Minerva

  • Ante ma?s de 170 mil personas, la banda tapati?a convirtio? La Minerva en una tribuna sentimental en la antesala del Me?xico-Corea.       

  • El concierto gratuito de Vibra Jalisco mezclo? rock, nostalgia, fiesta mundialista y una declaracio?n de pertenencia: Guadalajara canto? consigo misma.

La noche del mie?rcoles, en La Minerva, ma?s de 170 mil personas no so?lo asistieron al concierto de Mana?: parecieron disputar un partido contra el olvido, como si cada coro fuera una jugada repetida desde la juventud y cada aplauso confirmara que la memoria tambie?n puede llenar una glorieta.

La vi?spera del Me?xico-Corea, la ciudad ensayo? su propio Mundial. No hubo balo?n, pero si? alineacio?n titular: Fher Olvera al frente, Alex Gonza?lez en la bateri?a, Sergio Valli?n en la guitarra y Juan Calleros en el bajo.

Cuatro nombres que para Guadalajara no son simples integrantes de una banda, sino jugadores de una seleccio?n sentimental que lleva de?cadas saliendo a la cancha con camiseta local y pasaporte internacional.

El concierto gratuito, organizado como parte de Vibra Jalisco, tuvo desde temprano ambiente de final.

Hubo quienes llegaron desde una noche antes, como esos aficionados que duermen afuera del estadio para no perder la entrada al partido de sus vidas.

La Minerva, normalmente condenada a mirar el tra?fico con gesto de estatua paciente, se encontro? rodeada por una marea de voces, vendedores, familias, jo?venes, parejas, curiosos y devotos.

Afro Brothers abrio? la noche y puso el terreno en temperatura. Despue?s, cuando Mana? aparecio?, las 19 pantallas multiplicaron a la banda hasta convertirla en una presencia simulta?nea: cercana para los de adelante, monumental para los de atra?s, casi dome?stica para quienes miraban desde lejos con el tele?fono en alto.

La tecnologi?a hizo su trabajo, pero el verdadero sistema de sonido fue el pu?blico. Mana? puede traer bocinas, consolas y luces; Guadalajara llevo? los pulmones.

“De?jame entrar” funciono? como llave de acceso a una casa conocida. “De pies a cabeza” y “Manda una sen?al” confirmaron que esta?n en el corazo?n de los tapati?os.

Fher Olvera ejercio? de delantero veterano: sabe cua?ndo correr, cua?ndo levantar la mano, cua?ndo dejar que la tribuna haga el gol.

No busca la pirueta imposible, sino el efecto comprobado. Habla con el pu?blico como quien saluda a parientes que hace tiempo no ve, y en una noche como e?sta la familiaridad pesa ma?s que la novedad.

Cuando dijo “Que? emocio?n estar aqui?”, la frase no necesito? adornos.

En boca de otra banda habri?a sido cortesi?a; en Mana? sono? a regreso.

El repertorio avanzo? como una biografi?a compartida: “Labios compartidos”, “Eres mi religio?n”, “Vivir sin aire”, “Mariposa traicionera”. La nostalgia, que suele ser una mercanci?a riesgosa, aqui? tuvo algo de justicia poe?tica. Mana? toco? en casa en medio de una ciudad

vestida de Mundial, y sus canciones hicieron lo que hacen los himnos de estadio: borrar por unos minutos la distancia entre desconocidos.

Alex Gonza?lez volvio? a confirmar que la bateri?a puede ser una forma de protagonismo fi?sico. Cada golpe suyo pareci?a ordenar el caos, como si marcara el ritmo de una porra gigante.

Sergio Valli?n dio a la noche el filo musical ma?s elegante, especialmente en los momentos donde la guitarra abrio? ventanas hacia el blues, el rock latino y la memoria santanera de “Corazo?n espinado”.

Juan Calleros sostuvo el bajo con discrecio?n esencial, esa clase de presencia que no busca el reflector porque carga los cimientos.

Pero el concierto masivo no es un laboratorio de sutilezas. Es una plaza pu?blica. Y en una plaza pu?blica, “Clavado en un bar”, “Te llore? un ri?o” o “Bendita tu luz” no se analizan: se cantan con la autoridad que da haberlas sobrevivido.

La noche tambie?n tuvo su guin?o de vieja escuela. Como en los an?os en que el rock todavi?a aceptaba el ridi?culo como parte del ritual, alguien lanzo? un brasier a Fher.

La escena provoco? risa, celebracio?n y una especie de arqueologi?a pop instanta?nea: el objeto cruzo? el aire como un recuerdo de otra e?poca, pero cayo? en pleno 2026, entre pantallas gigantes, operativo de seguridad y ambiente mundialista. Fue una postal absurda y perfecta: Mana? envejecio?, su pu?blico tambie?n, pero ciertas liturgias se niegan a jubilarse.

La parte final jugo? con cartas marcadas y gano?. “No ha parado de llover” instalo? una melancoli?a de karaoke multitudinario; “En el muelle de San Blas” volvio? a demostrar que una historia triste puede convertirse en canto colectivo; “Rayando el sol” fue el penal bien cobrado que todos esperaban, y “Oye mi amor” cerro? con la eficacia de un marcador irreversible.

A dos an?os de su ma?s reciente presentacio?n en Guadalajara, Mana? no volvio? para demostrar que sigue vigente en te?rminos de tendencia. Volvio? para algo ma?s difi?cil: comprobar que todavi?a pertenece. Que sus canciones, con sus virtudes y sus costuras visibles, forman parte del archivo emocional de una ciudad que aprendio? a exportar mariachi, tequila, fu?tbol, arquitectura, cine y tambie?n rock pop de estadio.

Cuando el u?ltimo coro se apago?, La Minerva recupero? lentamente su condicio?n de monumento. Pero algo quedo? flotando en la glorieta: la certeza de que Guadalajara habi?a vivido una de esas noches que despue?s se narran con exageraciones legi?timas. Como todo buen partido, tendra? versiones contradictorias, he?roes discutibles y jugadas engrandecidas por la memoria.

Lo importante es que el marcador simbo?lico ya estaba escrito: Mana? jugo? de local, lleno? la cancha y gano? por goleada sentimental.

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