En mi artículo del diez de abril pasado, en estas mismas páginas de El Diario, escribí mi artículo titulado “¿A quién le corresponde por ley vigilar cómo gastan el dinero los alcaldes de Chihuahua?”, donde le decía que era precisamente al síndico a quien le tocaba vigilar el gasto del dinero de los municipios, pues en cada municipio de su estado usted eligió a un síndico para dicha función.
De esta manera, para los municipios de Juárez y de Chihuahua, en 2024, la mayoría eligió una síndica, de Morena y el PAN, siendo Ana Carmen Estrada y Olivia Franco, respectivamente.
A la síndica de Juárez la conozco por ser de las bases morenistas, aquellos y aquellas que le dieron vida al movimiento y después al partido (los que están en Morena por convicción y no por ambición, pues forman parte del partido desde antes de que hubiera puestos para repartir), y personalmente considero que es una persona honesta, que es la característica que debe tener la persona que ocupe la sindicatura. A Olivia Franco, no tengo el gusto de conocerla.
Sin embargo, de ambas, la mayoría de la población no los conoce (en el caso de Juárez, nueve de cada diez no conoce a su síndica y en el caso de Chihuahua los números son similares), y menos conocen lo que hacen. Prácticamente son funcionarias desconocidas.
Así lo indica la encuesta de percepción ciudadana realizada por el Plan Estratégico de Juárez, que arroja que nueve de cada diez juarenses no conocen a su síndica (sólo nueve de cada 100 la conocen), y de ese porcentaje que la conoce, sólo el 15.9 por ciento confía en su trabajo, lo que quiere decir que de las personas que la conocen ocho de cada 10 no confían en que está realizando buen papel.
Lo que se traduce entonces en que, a diferencia del alcalde que la mayoría de la población que lo elige lo conoce, en el caso de los síndicos son desconocidos, y por ende su función, por lo que pasa completamente inadvertido el trabajo de dichos funcionarios, a pesar de tener una función principal en el municipio como lo es la revisión de todo el gasto municipal.
¿Y qué le deberíamos exigir entonces a nuestra síndica o nuestros síndicos? Básicamente que cumplan y nos informen lo que les obliga el Código municipal de Chihuahua, en los artículos 36 A y 36 B:
“Artículo 36 A. (…) La persona titular de la Sindicatura deberá practicar revisiones a los documentos que habrán de conformar la cuenta pública. Cada tres meses deberá presentar al Ayuntamiento un informe de las revisiones efectuadas. La falta de cumplimiento de este precepto será causa de responsabilidad. (…)
“Las revisiones que practique la sindicatura contendrán el análisis de las partidas de ingresos y egresos, y en los casos que así lo considere hará una revisión legal, física, numérica o contable del gasto público municipal, pudiéndose extender al examen de la exactitud y justificación de los cobros y pagos hechos, cuidando que todas las cantidades estén debidamente comprobadas conforme a precios y tarifas autorizadas o de mercado, según proceda.
“Artículo 36 B. La persona titular de la Sindicatura tendrá las siguientes facultades y obligaciones: (…)
“III. Revisar que el ejercicio del gasto se realice llenando todos los requisitos legales y conforme al presupuesto respectivo;
“IV. Vigilar que las multas que impongan las autoridades municipales o cualquier otro ingreso sea enterado a la tesorería, previo certificado de ingresos.”
Lo que significa que le toca la revisión de todo el gasto que hace el Presidente Municipal, que no es otra cosa que vigilar que no cometan actos de corrupción, lo que es evidente que no se hace y no nos ha importado. Es la sindicatura un área tan fundamental para el Municipio, que de cumplirse cabalmente con lo que tienen encomendado sus funcionarios, el dinero se gastaría de manera adecuada, y alcanzaría el presupuesto para más obras y mejores servicios, como tener calles sin baches.
Por eso lo invito a que en la próxima elección de 2027, cuando se elegirá todo el cuerpo del Ayuntamiento, incluyendo a las y los síndicos, se fije bien en el perfil y le dé seguimiento a su labor, para que no sigan haciendo lo que han hecho prácticamente todas y todos los síndicos de Chihuahua: ser tapadera de la corrupción de los presidentes municipales, e incluso sus porristas.