La primera ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán desde la firma del memorando de entendimiento que puso fin a la guerra abierta entre ambos países ha evidenciado una contradicción que puede definir el futuro de Oriente Próximo. Mientras Donald Trump amenaza con volver a bombardear Irán si Teherán no contiene a Hezbolá y logra frenar la escalada en el Líbano, su vicepresidente, J.D. Vance, insiste en preservar el camino diplomático y presentar los contactos de Suiza como un avance histórico.
La coexistencia de ambas estrategias refleja la complejidad del momento. Washington intenta sostener un acuerdo que prometía transformar el equilibrio regional, pero descubre que ni Israel ni Hezbolá están sometidos directamente al memorando firmado por Donald Trump y Masoud Pezeshkian. El resultado es un escenario en el que las negociaciones avanzan mientras la guerra periférica amenaza con hacerlas descarrilar.
La arquitectura del acuerdo firmado hace apenas una semana contemplaba un alto el fuego generalizado y un periodo de sesenta días destinado a negociar cuestiones más profundas, incluido el programa nuclear iraní. Pero el conflicto en el Líbano se ha convertido en la primera gran prueba para el entendimiento entre Washington y Teherán.
Israel continúa sus operaciones contra Hezbolá y ha dejado claro que mantendrá la presión militar mientras considere que existen amenazas procedentes del sur libanés. Por su parte, la organización chií respaldada por Irán tampoco parece dispuesta a aceptar un alto el fuego unilateral.
Los combates de los últimos días, con decenas de víctimas en territorio libanés, han demostrado que la tregua es extremadamente frágil. Precisamente esta situación ha llevado a Teherán a acusar a Washington de incumplir la primera cláusula del acuerdo, que contemplaba el cese de las hostilidades en todos los frentes. La consecuencia inmediata ha sido el endurecimiento del discurso iraní y la decisión de limitar las conversaciones de Suiza a la mera aplicación del memorando, aplazando el debate sobre la cuestión nuclear.
En medio de este delicado contexto, el presidente Trump ha recuperado el tono coercitivo que caracterizó las fases más tensas del conflicto. “Irán debe detener inmediatamente a sus muy bien pagados representantes en Líbano. Si no lo hacen, golpearemos a Irán con mucha dureza otra vez, igual que la semana pasada, pero aún más fuerte”, escribió desde Camp David.
La advertencia constituye un reconocimiento implícito de que Washington no dispone de mecanismos suficientes para imponer a Israel una moderación que satisfaga las exigencias iraníes. Incapaz de frenar la campaña israelí, Trump intenta trasladar la responsabilidad a Teherán y utilizar la amenaza militar como instrumento de presión.
La lógica estadounidense consiste en exigir a Irán que utilice su influencia sobre Hezbolá para estabilizar la situación, aunque desde Teherán consideran que es Israel quien incumple los compromisos del acuerdo. Esta paradoja explica buena parte de las dificultades actuales. Washington necesita mantener el proceso diplomático, pero no parece dispuesto a confrontar con un Gobierno israelí que continúa actuando conforme a sus propias prioridades estratégicas.
Vance defiende la vía diplomática y busca capitalizar los avances
Mientras Trump endurece el lenguaje, J.D. Vance representa la otra cara de la estrategia estadounidense. El vicepresidente ha convertido las conversaciones de Bürgenstock en una oportunidad política y diplomática de primer orden. Antes de las reuniones ya había señalado: “Esperamos avanzar en la cuestión nuclear y en el alto el fuego en Líbano. Esos son los dos grandes asuntos en los que creo que nos vamos a centrar”.
Tras los primeros contactos, insistió en que se habían producido importantes avances y declaró: “Estas cosas siempre son un poco complicadas”. El vicepresidente ha asumido el papel de arquitecto político de la fase negociadora. Su presencia junto al asesor Steve Witkoff y Jared Kushner (yerno del presidente) pretende transmitir continuidad entre la diplomacia impulsada por Trump y la nueva fase de normalización regional.
El republicano del ala aislacionista también quiso presentar el momento como un punto de inflexión: Esta es una reunión histórica. Y añadió: “La cuestión es cuánto más podemos lograr juntos. ¿Podemos pasar página? ¿Podemos cambiar permanentemente las relaciones en Oriente Próximo?”.
Su discurso apunta claramente a una estrategia de acumulación de capital político. Si las negociaciones prosperan, Vance podrá reivindicar haber sido uno de los impulsores de la primera relación de alto nivel entre Washington y Teherán desde la revolución iraní de 1979.
El estrecho de Ormuz añade presión económica al conflicto
Sin embargo, la disputa sobre el estrecho de Ormuz constituye otro elemento de enorme importancia. Irán anunció nuevamente restricciones sobre la navegación y justificó la medida por la continuación de los ataques israelíes en el Líbano. Aunque Estados Unidos sostiene que el tráfico marítimo continúa desarrollándose, las incertidumbres afectan inmediatamente a los mercados energéticos.
Trump considera que el acuerdo con Irán evitó una crisis económica global derivada del cierre del estrecho y ha llegado a sugerir medidas extraordinarias si las conversaciones fracasan. Según declaraciones recogidas por Fox News, el presidente afirmó que Estados Unidos podría incluso asumir el control del paso marítimo. “Estados Unidos podría tomar el control del estrecho de Ormuz en el futuro, si fuera necesario”.
También añadió que Washington podría convertirse en el “Ángel guardián” de la zona y obtener beneficios mediante peajes sobre el petróleo que circula por ella.
ABC News' Tom Soufi Burridge has the latest on Vice President JD Vance's negotiations with Iran in Switzerland. https://t.co/zbmMyFirRz pic.twitter.com/2ixQnbCIoL
— This Week (@ThisWeekABC) June 21, 2026
Paradójicamente, la cuestión que originó la guerra permanece fuera de la mesa. Vance aspiraba a iniciar las conversaciones sobre el enriquecimiento de uranio, pero los medios oficiales iraníes confirmaron que el programa nuclear ni siquiera fue abordado durante esta primera reunión.
Teherán mantiene una posición firme. El presidente Masoud Pezeshkian insistió: “Lo que es seguro es que nunca renunciaremos al derecho a enriquecer uranio”. El acuerdo firmado por Trump contempla la posibilidad de aliviar sanciones, facilitar el acceso iraní a activos congelados y permitir la reanudación de las exportaciones petroleras, pero los aspectos más sensibles continúan pendientes.
La principal debilidad del entendimiento entre Washington y Teherán es que ni Israel ni Hezbolá forman parte formalmente del memorando. Ambos actores mantienen objetivos incompatibles. Benjamín Netanyahu ha reiterado que sus tropas permanecerán en el sur del Líbano mientras persistan amenazas para Israel. Hezbolá, por el contrario, condiciona cualquier desescalada a una retirada israelí. @mundiario