Cumplir años puede cambiar la forma en que una persona mira su historia. Con el paso del tiempo, las pérdidas, los logros, los vínculos y las decisiones dejan de verse como episodios sueltos y empiezan a formar parte de una misma pregunta: qué hacer con lo vivido. En esa etapa, la resiliencia, concepto trabajado por el psiquiatra Boris Cyrulnik, ofrece una clave útil para entender cómo alguien puede reconstruirse después de una experiencia dolorosa.
De acuerdo con la visión de Cyrulnik, la resiliencia es “iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma”.
- No se trata de volver a ser exactamente la misma persona ni de negar lo que dolió. Se trata de reorganizar la vida con lo que queda, con lo que se aprendió y con los apoyos disponibles para seguir adelante.
¿Qué significa la resiliencia para Boris Cyrulnik y por qué no se trata solo de resistir?
Para Boris Cyrulnik, la resiliencia no es una reacción automática ni una muestra de fortaleza permanente. Es un proceso que comienza cuando una persona logra retomar su desarrollo después de una experiencia que la afectó.
La palabra clave es proceso. La reconstrucción puede tomar tiempo, puede necesitar ayuda y puede avanzar de manera desigual. Algunas heridas tardan años en integrarse a la historia personal. Otras reaparecen cuando cambia el ritmo de la vida, cuando se pierde un vínculo o cuando el cuerpo empieza a recordar lo que la mente había mantenido lejos.
Desde esta mirada, una persona resiliente no es quien nunca se rompe, sino quien encuentra una forma de seguir viviendo con sentido después de haber atravesado una ruptura.

¿Por qué los 60 años pueden cambiar la forma de ver la vida?
A los 60 años, muchas personas empiezan a revisar su historia con una perspectiva distinta. La vida profesional puede perder centralidad, la acumulación deja de tener el mismo peso y las prioridades se vuelven más selectivas.
Cyrulnik lo expresa con una frase directa:
Las certezas que nos han sostenido toda la vida empiezan a resquebrajarse”.
Ese cambio no necesariamente implica crisis. También puede abrir una etapa de mayor claridad. Lo que antes parecía urgente puede dejar de serlo. Lo que fue postergado puede volver a ocupar espacio. Y algunas preguntas que durante años se evitaron empiezan a pedir respuesta.
¿Por qué Cyrulnik dice que “a los sesenta ya no podemos engañarnos”?
La frase apunta a una forma de honestidad que llega con la madurez.
“A los sesenta, ya no podemos engañarnos. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación”, afirma el experto.
La idea es que, a cierta edad, resulta más difícil separar lo que se siente de lo que se recuerda. El cuerpo puede expresar cansancio, tensión o duelo. La memoria vuelve sobre episodios importantes. Las emociones muestran qué quedó pendiente.
Esa integración puede ser incómoda, pero también puede ayudar a ordenar la vida. La resiliencia aparece entonces como una forma de mirar las grietas sin convertirlas en destino.

¿La resiliencia se construye en soledad?
La resiliencia no nace aislada. Necesita vínculos, apoyo y entornos que ayuden a sostener a la persona cuando atraviesa una etapa difícil.
De acuerdo con Men’s Healt, la investigadora Emmy Werner mostró, a partir de estudios de largo plazo con niños en contextos adversos, que muchas personas logran salir adelante cuando cuentan con apoyos concretos. Puede ser una figura adulta, una red familiar, una escuela, una comunidad o alguien que ayude a dar sentido a lo vivido.
Por eso, la resiliencia no debe entenderse como una obligación individual de resistir. También depende de las condiciones alrededor de la persona.
¿Qué papel tiene el sentido después de una pérdida o trauma?
Viktor Frankl planteaba que no siempre podemos elegir lo que ocurre, pero sí la respuesta que damos frente a aquello que nos toca vivir. Su mirada conecta con la resiliencia porque pone el sentido en el centro de la experiencia humana.
Dar sentido no significa justificar el dolor. Significa encontrar una forma de integrarlo a la vida sin quedar detenido en él.
En la madurez, esta idea puede ser especialmente importante. A los 60 años o más, muchas personas ya han atravesado pérdidas, cambios familiares, cierres laborales, enfermedades o duelos. La pregunta no siempre es cómo evitar el dolor, sino cómo vivir después de él.

¿Por qué las heridas no siempre cierran rápido?
Cyrulnik señala que algunas heridas necesitan tiempo. No todas las personas procesan una pérdida o un trauma al mismo ritmo. Tampoco existe una edad exacta para sentirse en paz con lo vivido.
A veces, la recuperación empieza años después. Puede aparecer cuando la persona encuentra una relación segura, una actividad con sentido, una comunidad o una etapa de vida que permite mirar el pasado con más calma.
La resiliencia, en ese sentido, no borra la herida. La convierte en parte de una historia más amplia.
¿Qué cambia cuando una persona aprende a vivir con sus grietas?
Aprender a vivir con las grietas significa dejar de pelear con todo lo que no salió como se esperaba. También implica reconocer que ciertas experiencias cambiaron la forma de mirar el mundo.
Esto puede traer una vida más selectiva. Se eligen mejor los vínculos. Se cuida más el tiempo. Se reduce la necesidad de aparentar. Se busca una calma más real y menos dependiente de la aprobación externa.
En esta etapa, la resiliencia puede convertirse en una forma de libertad: seguir adelante sin negar lo vivido, pero sin permitir que el pasado lo ocupe todo.
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