Tijuana, B.C.– Como sobreviviente de un secuestro, el sacerdote Juan Carlos Ackerman se solidarizó con las familias que atraviesan por la desaparición de un ser querido, al señalar que la incertidumbre y el dolor forman parte de una experiencia que marca la vida de quienes la enfrentan.
Sostuvo que por los delitos de la privación de la libertad y desapariciones forzadas es importante que la iglesia y el gobierno atiendan a las familias buscadoras de personas desaparecidas, pues están atendiendo una problemática grave para la sociedad.
Ackerman mencionó que los activistas, también con sus propios recursos, a pesar de no encontrar a sus seres queridos, han ayudado a otras familias a lograrlo, a veces con vida y otras veces no, pero en ambos casos ya encontraron paz.
Entiendo la desesperanza y no nada más no creen en el gobierno, a veces han perdido la fe hasta en Dios. Sé que hay una fuerza que mueve a las buscadoras y buscadores, primero que es el gran amor por el ser querido por el desaparecido. Y el segundo un gran dolor que se ha convertido en un gran sufrimiento. Me uno a estos dolores, tristezas”, declaró.
El sacerdote recordó que en el año 2013 fue secuestrado de la parroquia Santo Toribio Romo, del Fraccionamiento Santa Fe; durante más de 20 horas estuvo en una casa de seguridad en la colonia del Cañón del Sainz, en Tijuana.
Este suceso lo marcó de por vida y lo reflejó en el libro Líbranos del Mal, de la escritora y periodista Araceli Martínez, pues su miedo a perder la vida, a causar un sufrimiento para su familia,al igual que su fe, estuvieron latentes.
Foto: Khennia ReyesParte de la sanación del secuestro fue encarar a uno de los delincuentes y exigir justicia, hoy, casi 13 años después, comparte esta paz y su compromiso de seguir acompañando en su duelo a las familias que fueron desintegradas por la violencia.
Actualmente Ackerman es parte de la parroquia Divina Providencia, de la colonia Libertad.