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El Economista 22 Jun, 2026 00:07

Remesas: motor financiero del T-MEC

La cuenta regresiva terminó. El pasado 18 de junio, México y Estados Unidos concluyeron la segunda ronda de conversaciones técnicas de alto nivel sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), como antesala de la revisión formal que iniciará el próximo 1 de julio. En un contexto donde Estados Unidos concentra cerca del 80% de las exportaciones mexicanas y donde el T-MEC permite que la gran mayoría de esos productos ingresen libres de aranceles, este momento representa no solo un reto diplomático de alta envergadura, sino una evaluación rigurosa de la arquitectura económica que sostiene nuestra integración regional.

Es justo reconocer el liderazgo de las autoridades mexicanas encargadas de conducir este proceso. La experiencia del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum serán fundamentales para defender los intereses nacionales y fortalecer una relación comercial que ha contribuido significativamente al crecimiento económico de los tres países.

Sin embargo, para negociar con solidez hacia el exterior, primero debemos tener claridad sobre los pilares que sostienen nuestra economía desde el interior. Uno de ellos son las remesas, un flujo financiero que el año pasado superó los 63 mil millones de dólares, equivalente a cerca del 3.5% del Producto Interno Bruto nacional y que beneficia directamente a aproximadamente 4.9 millones de hogares mexicanos.

La revisión del T-MEC no debe limitarse a la discusión sobre manufactura, automóviles o cadenas de suministro. También representa una oportunidad para reflexionar sobre el papel de los servicios financieros en la competitividad regional. El propio tratado incorpora un capítulo específico en materia financiera, reconociendo que una economía integrada requiere sistemas de pagos eficientes, instituciones sólidas, canales seguros para las transacciones transfronterizas y marcos regulatorios que generen confianza entre los participantes.

Hoy, la inclusión financiera, la innovación tecnológica, la ciberseguridad, la identidad digital y la integridad financiera son tan importantes para la competitividad de Norteamérica como la infraestructura logística o la capacidad manufacturera. En ese contexto, las remesas constituyen uno de los ejemplos más visibles de la profunda integración económica y social entre México y Estados Unidos. Representan el resultado del esfuerzo de millones de personas que contribuyen diariamente a ambas economías y, al mismo tiempo, una fuente de estabilidad para millones de hogares mexicanos.

Desde la Unión de Instituciones Financieras Mexicanas (UNIFIMEX), observamos este fenómeno desde una perspectiva muy cercana; pues nuestros miembros participan en la recepción y dispersión de más de 70 por ciento de las remesas que llegan al país. Esto significa que una parte sustancial de los recursos que reciben millones de familias mexicanas depende de una infraestructura financiera segura, eficiente y plenamente regulada.

Ante la próxima revisión del T-MEC, el sector financiero mexicano seguirá fortaleciendo su capacidad tecnológica, robusteciendo sus sistemas de ciberseguridad y manteniendo los más altos estándares de integridad financiera y prevención de lavado de dinero. Hoy, la competitividad de Norteamérica ya no se mide únicamente por lo que produce o exporta, sino también por la fortaleza, seguridad e innovación de los sistemas financieros que conectan diariamente a millones de personas y empresas a ambos lados de la frontera. Esa confianza es uno de los activos más valiosos de nuestra región y las instituciones financieras mexicanas trabajamos todos los días para fortalecerla y protegerla.

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