Cada vez que una persona conversa con ChatGPT, genera una imagen con Gemini, utiliza Copilot para redactar un documento o pide a una inteligencia artificial resumir un PDF, ocurre algo que no se ve en la pantalla: millones de datos viajan entre el dispositivo y enormes centros de procesamiento distribuidos alrededor del mundo.
Ese intercambio constante está modificando el funcionamiento de Internet, y el consecuente uso de datos, mejor conocidos como megas.
Expertos del sector de telecomunicaciones coinciden en que la inteligencia artificial (IA) impulsará uno de los mayores incrementos en el tráfico de datos de las últimas décadas, obligando a operadores, fabricantes y empresas tecnológicas a ampliar la capacidad de sus redes para soportar una demanda que apenas comienza.
Apple encendió recientemente las alertas al reconocer que el auge de la IA elevó el costo de componentes como las memorias utilizadas en computadoras y tabletas, por lo que determinó un aumento de precios de sus productos fuera el calendario de anuncios.
Sin embargo, para millones de usuarios el cambio más cotidiano podría percibirse en otro lugar, en el consumo de datos de sus conexiones móviles y de Internet fijo.
¿La IA consume más megas?
Efectivamente, la inteligencia artificial consume más megas, pero no por sí misma, sino que todo depende del uso que haga cada persona.
Cuando alguien realiza una búsqueda tradicional en un navegador, normalmente envía una consulta breve y recibe una página con enlaces.
En cambio, una conversación con una IA generativa implica un intercambio mucho más complejo.
El sistema recibe la pregunta, el historial de la conversación, instrucciones adicionales, contexto y, en muchos casos, fotografías, documentos, archivos de audio o incluso video.
Después procesa toda esa información en servidores especializados y devuelve una respuesta mucho más extensa.
Mientras más compleja sea la tarea, mayor será el volumen de datos que circula por la red.
Una consulta de texto puede consumir relativamente poco, pero subir un documento de cientos de páginas, analizar fotografías de alta resolución o generar imágenes y videos con inteligencia artificial puede multiplicar el tráfico de datos.
¿Qué pasa con los centros de datos?
Una idea equivocada muy común es pensar que toda la inteligencia artificial funciona dentro del celular o la computadora.
En realidad, la mayor parte del trabajo ocurre en gigantescos centros de datos equipados con miles de procesadores especializados y enormes bancos de memoria, cada consulta viaja desde el dispositivo del usuario hasta esos servidores y regresa con la respuesta.
Por esa razón, la expansión de la IA no solo exige procesadores más potentes, sino también más fibra óptica, mayor capacidad de transmisión, nuevos cables submarinos y centros de datos capaces de operar las 24 horas.
El informe Ericsson Mobility Report prevé que el tráfico global de datos móviles continuará creciendo de forma acelerada durante esta década, impulsado por aplicaciones cada vez más intensivas en información, entre ellas la inteligencia artificial.
Por su parte, la GSMA, asociación que representa a operadores móviles de todo el mundo, sostiene que la IA se convertirá en uno de los principales motores de la próxima evolución de las redes 5G y futuras infraestructuras de telecomunicaciones.
¿Paquetes de Internet se esfumarán?
Por lo pronto no hay certeza de que eso ocurra, la inteligencia artificial no consume datos de manera permanente, sino cada vez que interactúa con servicios alojados en la nube.
Una conversación breve con texto puede representar un impacto moderado sobre un plan móvil.
Sin embargo, el consumo aumenta considerablemente cuando el usuario:
- Genera imágenes con IA
- Crea videos
- Mantiene conversaciones por voz
- Analiza documentos extensos
- Utiliza asistentes inteligentes durante varias horas
- Integra herramientas de IA en aplicaciones de trabajo
En hogares y oficinas el efecto también puede hacerse visible, conforme más personas utilizan asistentes inteligentes al mismo tiempo, aumenta el volumen total de información que circula por la conexión de Internet.
Internet entra en una nueva etapa
La transformación va mucho más allá de los teléfonos inteligentes, empresas como Microsoft, Google, Meta, Amazon y OpenAI están invirtiendo miles de millones de dólares en nuevos centros de datos para responder a la creciente demanda de inteligencia artificial.
El reto ya no consiste únicamente en fabricar computadoras más rápidas, ahora también es necesario construir redes capaces de transportar enormes cantidades de información con menor latencia y mayor velocidad.
Especialistas de Cisco advierten que el crecimiento del tráfico global dependerá cada vez más de aplicaciones basadas en inteligencia artificial, automatización y servicios en la nube, una tendencia que obligará a modernizar la infraestructura digital de gobiernos, empresas y operadores de telecomunicaciones.
¿Qué significa para los usuarios?
Por ahora, la mayoría de las personas no necesita cambiar de plan de Internet por utilizar inteligencia artificial, pero la tendencia apunta hacia un uso cada vez más intensivo de datos conforme estas herramientas se integren en buscadores, sistemas operativos, aplicaciones de oficina, redes sociales, videollamadas y teléfonos inteligentes.
Eso significa que, en pocos años, pedir ayuda a una IA podría convertirse en una actividad tan cotidiana como enviar un mensaje por WhatsApp o reproducir un video.
La gran diferencia es que detrás de cada respuesta trabajan miles de servidores distribuidos por el mundo, una infraestructura que consume enormes cantidades de memoria, energía y ancho de banda.
La inteligencia artificial promete simplificar muchas tareas de la vida diaria, pero paradójicamente, para hacerlo está obligando a Internet a crecer como nunca antes.