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Publimetro 26 Jun, 2026 04:40

El orgullo en la música

Hace unos años se estrenó en Netflix una película protagonizada por Viola Davis y Chadwick Boseman (la última que filmó antes de fallecer) que narra la historia de Ma Rainey, conocida como “La Madre del Blues”. Les recomiendo buscarla, es buenísima. Ella fue una mujer afroamericana que llevó este ritmo a las masas y que ha sido reconocida como una de las primeras intérpretes en cantar de manera velada sobre su bisexualidad.

Para entenderlo, hay que situarse en una época de puritanismo donde el blues floreció en los bares clandestinos de Harlem. Tal vez el público de entonces oía estrofas como: “Salió anoche con un grupo de amigos / Debieron ser mujeres, porque no me gustan los hombres”. Aquello podía sonar como una excentricidad, pero para la comunidad eran señales claras de que había personas que sentían afinidad por su mismo sexo.

Este fin de semana se llevará a cabo la celebración del Pride en diferentes ciudades de nuestro país. La música ha sido clave en la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ+. Si bien vivimos en una época donde existe mayor apertura para hablar de la diversidad sexual, la realidad es que para muchos artistas esto sigue representando un tabú.

Después de Ma Rainey, otros artistas continuaron enviando mensajes a través de sus letras de forma sutil. Bessie Smith, la artista afroamericana mejor pagada de su tiempo, utilizaba metáforas y eufemismos de visibilidad lésbica, como en su éxito de los años 30 “The Boy in the Boat”. Más adelante, en la era del jazz, el compositor Billy Strayhorn vivió como un hombre abiertamente gay en una época donde aquello era impensable.

En español también abundan los ejemplos. El poeta Rafael de León logró sortear la censura franquista usando frases sobre “amores que no se pueden nombrar”, celos ocultos y pasiones entre cuatro paredes. Le cantaba a “lo prohibido” y la comunidad lo adoptó como un código propio. Juan Gabriel, por su parte, omitía los pronombres en sus canciones para que himnos como “Hasta que te conocí” o “Amor Eterno” pudieran ser interpretados sin importar el género.

Chavela Vargas se apropió del cancionero ranchero y de boleros masculinos para construir un espacio de identidad lésbica. ¿Y cómo olvidar el clásico “Mujer contra mujer” de Mecano? La canción exploraba ese encuentro clandestino que aún no era aceptado por la sociedad.

Quiero mencionar un fenómeno de los años 80 que parece haberse olvidado: en aquellos tiempos, sin streaming ni internet, el casete se convirtió en el principal apoyo de cientos de personas que enfrentaron la crisis del VIH.

En los hospitales circulaban mixtapes con canciones de aliento y resiliencia, donde se popularizaron temas como “Being Boring” de Pet Shop Boys o “You Make Me Feel” de Sylvester. La música del Pride no es solo fiesta; ha sido, ante todo, una herramienta de supervivencia. ¡Love is love!

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