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El Financiero 26 Jun, 2026 07:13

Punto de no retorno

Por primera vez desde 1959, Cuba vislumbra un horizonte en el que las actividades económicas no están ferozmente constreñidas por el Estado.

Y es que la realidad terminó por alcanzar a Cuba, que atraviesa, además de una grave crisis humanitaria —que se ha venido gestando desde que el socialismo se impuso en la isla con una economía centralizada— y una crisis energética que tiene al país caribeño al borde del colapso.

Con apagones constantes que pueden durar hasta 30 horas, una inflación persistente, una producción agrícola en caída libre y una emigración masiva que supera el millón de personas desde 2021, el gobierno se ha visto obligado a hacer un guiño a Donald Trump, quien exigió un cambio profundo en la conducción económica de Cuba.

El régimen tuvo que reconocer algo que durante años negó, y es que el modelo económico vigente ya no funciona.

La respuesta fue un paquete de 176 medidas económicas que buscan transformar el panorama, aunque sin renunciar por completo al socialismo.

Las medidas son profundas.

Por primera vez se permitirá una mayor expansión del sector privado; los empresarios podrán poseer más de un negocio, se abrirá espacio a la banca privada, se autorizarán proyectos inmobiliarios privados y hasta cadenas de comida rápida podrán operar bajo esquemas de franquicia.

Además, el gobierno eliminará 70 de las 125 actividades económicas que actualmente están prohibidas.

No es casualidad. Cuba está mirando hacia Asia. Una experiencia similar la tuvieron Vietnam y China. Sus modelos, de acuerdo con economistas, pueden ser una guía de lo que le espera a Cuba.

En China, Deng Xiaoping —quien gobernó al gigante asiático de 1978 a 1989— fue el gran arquitecto de la apertura económica que convirtió a un país empobrecido en la segunda economía más grande del planeta.

Bajo la filosofía de que “hacerse rico es glorioso”, impulsó la inversión extranjera, permitió la iniciativa privada y creó zonas económicas especiales sin abandonar el monopolio político del Partido Comunista.

Vietnam siguió un camino parecido con las reformas conocidas como Doi Moi, lanzadas en 1986.

El resultado fue espectacular y el país pasó de ser una de las economías más pobres del mundo a convertirse en un centro manufacturero global que hoy crece a tasas superiores al 6 por ciento anual.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre Cuba y esos dos casos de éxito. China y Vietnam abrieron sus economías al capital extranjero en momentos en que buscaban integrarse al comercio internacional. Cuba, en cambio, intenta hacerlo mientras enfrenta la incertidumbre global.

Ahí reside el principal problema. La transformación económica cubana no depende únicamente de la voluntad de La Habana. Incluso economistas favorables a las reformas reconocen que una transición hacia un sistema mixto y tropicalizado, similar al chino o vietnamita, será extremadamente difícil en un momento en que los inversionistas perciben enormes riesgos políticos y jurídicos.

El país carece de un sistema judicial independiente, tiene antecedentes de incumplimientos financieros y una larga historia de reformas económicas anunciadas que posteriormente fueron revertidas.

La detención de Maduro y el derrocamiento del régimen represor, asesino y comunista de Venezuela han marcado el inicio de la desaparición de estas sangrientas dictaduras en el continente latinoamericano.

La historia demuestra que no hay un solo régimen de izquierda extrema que haya logrado la equidad, igualdad y distribución del ingreso que todos prometen y nadie cumple, pues siempre terminan por instaurar un régimen autoritario, sanguinario, represor y corrupto que en última instancia crea una clase política que traiciona a sus gobernados.

SOTTO VOCE

Para mejorar la captación de agua y reforzar el servicio básico para hoteles y escuelas, el gobierno de Guerrero, encabezado por Evelyn Salgado, en coordinación con FONATUR, puso en marcha el Programa de Sistemas de Captación de Agua Pluvial en la zona tradicional de Acapulco. Los sistemas tienen una capacidad de recolección de más de 140 mil litros al año, convirtiéndolo en un proyecto viable para evitar el desabasto del vital líquido.

El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, ha consolidado en los primeros tres años de su administración un modelo de atención territorial que logró activar más de 5 mil 300 obras públicas con presencia en los 570 municipios de la entidad.

El objetivo es reducir la desigualdad en regiones históricamente aisladas mediante la inversión en infraestructura, agua potable y espacios educativos.

Gladys Butanda, a quien varias encuestas ubican como la mejor posicionada en la contienda interna de Morena, se registró para ser considerada como coordinadora de la defensa de la transformación en Michoacán.

A Butanda la respaldan su labor como funcionaria pública y las obras que impulsó en el estado.

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