Chihuahua.- El representante de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en Chihuahua, Manuel Chávez Díaz informó que en 2025 el estado registró 598 incendios forestales que afectaron 222 mil 082.30 hectáreas, la cifra más alta en al menos 55 años de registros. Explicó que estos datos, presentados durante una rueda de prensa, colocan a la entidad en un nivel sin precedente desde que existen mediciones comparables en la década de 1970.
El contraste inmediato refleja la magnitud del daño. En 2024 fueron contabilizados 543 incendios con una superficie afectada de 127 mil 711 hectáreas, lo que implica que en 2025 el territorio impactado creció cerca de 74 por ciento. La diferencia equivale a más de 94 mil hectáreas adicionales consumidas por el fuego en un solo año, un incremento que rompe con el comportamiento reciente.
El análisis histórico confirma la ruptura. Registros desde 1970 muestran ciclos de incremento asociados a sequías prolongadas, con picos relevantes en 2011 y 2017, ambos con alrededor de 87 mil hectáreas afectadas, y un repunte mayor en 2018 con más de 160 mil. Sin embargo, ninguno de esos episodios alcanzó el nivel observado en 2025, que superó en más de 60 mil hectáreas al anterior máximo.
La concentración temporal del daño explica buena parte del récord. Entre marzo, abril y mayo se consumieron 197 mil 468 hectáreas, es decir, casi el 89 por ciento de toda la superficie afectada en el año. En ese mismo periodo se registraron 421 incendios, lo que confirma que la temporada crítica está en apenas tres meses.
Abril destacó como el punto más alto, con 157 incendios y 93 mil 528 hectáreas dañadas, equivalente a más del 42 por ciento del total anual. En ese mes, las condiciones de viento, altas temperaturas y vegetación seca generaron incendios de gran extensión territorial en lapsos muy cortos.
Mayo mantuvo la presión con 144 incendios y 72 mil 944 hectáreas afectadas, mientras que marzo había marcado ya un repunte importante con 120 siniestros y 30 mil 994 hectáreas consumidas. En conjunto, esos tres meses definieron la temporada más agresiva registrada en décadas.
Antes de ese periodo, febrero ya mostraba señales de alerta con 81 incendios y más de 13 mil 590 hectáreas afectadas, mientras que enero se mantuvo en niveles bajos con 20 siniestros y poco más de mil 172 hectáreas. A partir de junio, la actividad disminuyó de forma drástica hasta prácticamente desaparecer en el resto del año.
La dimensión del daño también se explica por el tipo de vegetación afectada. El 95% de la superficie correspondió a estratos herbáceos, arbustivos y hojarasca, lo que favoreció la rápida propagación del fuego en zonas con alta acumulación de material seco.