La última noche mundialista de Guadalajara no comenzó con el silbatazo inicial ni con la salida de las selecciones al césped. Comenzó varias horas antes, cuando un huésped poco habitual cruzó los pasillos del hotel Barceló. El rey de España , Felipe VI, había llegado a la ciudad para una agenda de reuniones con autoridades de Jalisco y para asistir al encuentro entre España y Uruguay, un partido que terminaría con una victoria española por 1-0, pero que también sirvió como escenario de una reconciliación diplomática largamente postergada. Apenas unos años atrás, la relación entre México y España se encontraba en uno de sus momentos más tensos. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno mexicano exigió a la Corona española una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista , una petición que Madrid rechazó y que congeló la relación política entre ambos países. Ahora, el Mundial 2026 ofrecía una estampa distinta.
La invitación al monarca para presenciar el encuentro en Guadalajara fue interpretada en círculos diplomáticos como un gesto para dejar atrás la hostilidad y reconstruir puentes. La ciudad tapatía, además, tenía un componente sentimental para la Casa Real, ya que en la década de los noventa, la reina Letizia realizó prácticas periodísticas en el desaparecido diario Siglo XXI, precisamente en Guadalajara. La presencia del rey alteró la rutina de la ciudad. Enfundado en un traje azul y corbata roja, Felipe VI se dirigió al estadio para observar el último de los cuatro partidos mundialistas disputados en la Perla Tapatía. Pero la jornada también representaba una prueba para Jalisco . Meses antes del inicio del torneo, la conversación sobre el estado había girado hacia la seguridad tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, un episodio ampliamente televisado que provocó una percepción de inseguridad y afectó las reservaciones hoteleras. La respuesta del gobierno estatal fue una campaña de promoción turística apoyada en músicos, artistas y deportistas originarios de la entidad. “La marca Jalisco es México tiene muchos años existiendo en Jalisco. Lo que nosotros quisimos fue darle vida poniéndole voz a estos talentosos mexicanos que representan al país en el mundo, pero que son de Jalisco”, explicó semanas antes Michelle Fridman, secretaria de Turismo del estado. La funcionaria detalló que la estrategia arrancó con más de 20 embajadores y una proyección internacional. “Es muy importante contar las buenas historias que también son reales de Jalisco… Esa es la cara que queremos que se conozca de Jalisco”, dijo. El esfuerzo tenía una razón económica de fondo. Jalisco esperaba que el Mundial atraiga entre dos y 2.5 millones de visitantes adicionales sobre los 34 millones que recibe anualmente. La entidad cuenta con cerca de 90,000 habitaciones de hotel –según datos de la Sectur estatal–y apostó por convertir el torneo en un escaparate de su oferta turística, gastronómica y cultural. Sin embargo, la percepción es que el impacto económico no fue tan inmediato como se esperaba. Directivos de Marriott, una de las cadenas oficiales de hoteles de la Copa Mundial de la FIFA 2026 Norteamérica, reconocían que en abril la ocupación hotelera rondaba apenas el 60%. Aunque hubo reservaciones de último momento, el hotel Westin, donde se hospedó la selección de Corea del Sur, todavía tenía habitaciones disponibles el día del encuentro. A unos metros, en el Barceló, descansaba la delegación española y el propio rey. En las calles, sin embargo, la sensación era distinta. El tráfico era intenso, pero los restaurantes y comercios cercanos no lucían abarrotados. “Al final, creo que eso es reflejo de lo elitista de esta edición. Las personas que pueden pagar esto no van a los comercios del centro”, comentó un local.
La observación reflejaba una de las paradojas del torneo, que se convirtió en un Mundial capaz de atraer turistas de alto poder adquisitivo , pero cuyos beneficios no necesariamente se derraman de manera uniforme entre pequeños comercios y restaurantes. Dentro del estadio, el rojo se apoderó de las gradas. Españoles llegados desde Europa y aficionados mexicanos que adoptaron la camiseta de La Roja formaron una marea escarlata. También había seguidores uruguayos, menos numerosos, pero más ruidosos durante buena parte del primer tiempo. El ambiente celeste dominó hasta el minuto 42. Entonces apareció el error. Fernando Muslera dejó escapar una pelota y Álex Baena aprovechó el regalo para marcar el único gol de la noche. Dos aficionados murcianos se abrazaron y levantaron una bandera de su país. Habían llegado días antes al país. “Fuimos a Chichén Itzá y Cancún, pero nos ha gustado más Guadalajara”, contaron. Viajaban con un amigo mexicano que les había recomendado los lugares por visitar. Entre las pausas de hidratación llegaron también los silbidos. Las nuevas interrupciones obligatorias de hidratación, implementadas por la FIFA en los 104 partidos del Mundial, han sido criticadas por los aficionados, pero representan una mina de oro para las televisoras. De acuerdo con datos del Wall Street Journal, retomados por el medio especializado Huddle Up; Fox cobra hasta 200,000 dólares por anuncios de 30 segundos durante esas pausas, cifra que puede elevarse a 750,000 dólares en partidos de la selección de Estados Unidos. Los ingresos derivados de este nuevo inventario publicitario podrían superar los 250 millones de dólares, más de la mitad de los 485 millones que la cadena pagó por los derechos del Mundial. El segundo tiempo fue más espeso. La afición intentó llenar los silencios con la ola. Una vez. Dos veces. Tres veces. La ola no terminaba de despegar. “Deja de caminar la cancha, cabrón. Vine a ver goles”, gritó un aficionado desesperado mientras España se aferraba al marcador. Uruguay tampoco encontraba respuestas. En el tiempo agregado llegó el último golpe. Agustín Canobbio fue expulsado tras una dura entrada sobre Pau Cubarsí y luego intentó encender una trifulca con los jugadores españoles. La Roja evitó responder. El silbatazo final confirmó la eliminación de la selección dirigida por Marcelo Bielsa. España avanzaba. Uruguay terminaba último del Grupo H con apenas dos puntos. Los aficionados charrúas comenzaron a abandonar las gradas mientras desde algunos sectores ya se escuchaban cánticos dedicados a Cabo Verde , que terminó como segundo del Grupo H en su debut mundialista. A la salida, un seguidor uruguayo resumió la frustración de su selección y, al mismo tiempo, la extraña fraternidad que el Mundial suele producir. “Somos la vergüenza de América Latina, porque fuimos los únicos que no clasificamos, pero bueno. Ahora nosotros vamos con México, seremos hinchas de México”. Mientras las luces del estadio se apagaban y los aficionados abandonaban las tribunas, Guadalajara comenzaba a hacer cuentas. El triunfo de España y el acercamiento diplomático entre dos países quedarán en la memoria, sin embargo, para Jalisco el marcador más importante apenas empieza a escribirse y dependerá de si la exposición global, el turismo y las inversiones logran traducirse en una derrama que alcance más allá de hoteles y zonas exclusivas.
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