España hizo su parte. Ganó a Uruguay, cerró el Grupo H como primera y evitó algunos de los cruces más incómodos del cuadro. La selección de Luis de la Fuente ya está en dieciseisavos de final, pero todavía no conoce a su rival. Austria y Argelia se juegan esta madrugada el segundo puesto del Grupo J y una plaza en el camino de España.
El escenario es sencillo. Austria llega por delante en la clasificación y le basta con empatar para conservar la segunda posición. Argelia, en cambio, necesita ganar para adelantar a los centroeuropeos y convertirse en el próximo adversario de la selección española.
Sobre el papel, Austria parece el rival más complicado. Es una selección con una estructura reconocible, acostumbrada a competir en escenarios exigentes y con capacidad para sentirse cómoda en partidos cerrados. No necesita demasiadas ocasiones para generar peligro y suele castigar bien los errores del rival.
Argelia ofrece un perfil diferente. Puede ser menos consistente durante los noventa minutos, pero también más imprevisible. Su fútbol tiene más ritmo, más duelos individuales y una tendencia mayor a convertir los encuentros en intercambios de golpes. Precisamente por eso puede resultar incómoda para cualquier selección.
Si hubiera que elegir, probablemente España preferiría cruzarse con Argelia. No porque sea un rival sencillo, sino porque Austria parece un equipo más preparado para castigar las dudas que todavía arrastra el conjunto de Luis de la Fuente.
Y esas dudas existen. La clasificación como primera de grupo no debe ocultar que España todavía está lejos de su mejor versión. Ante Uruguay consiguió la victoria, pero lo hizo por la mínima y frente a una selección que llegaba marcada por importantes tensiones internas, con cuestionamientos hacia el seleccionador y un ambiente muy alejado de la tranquilidad.
España volvió a mostrarse demasiado plana en ataque. Le costó acelerar el juego, apenas encontró transiciones peligrosas y tuvo muchas dificultades para convertir la posesión en ocasiones. Controló fases del encuentro, pero rara vez transmitió sensación de superioridad real. Movió el balón, pero pocas veces consiguió mover al rival.
Además, la situación en los extremos empieza a preocupar. Las posibles lesiones de Jeremy Pino y Nico Williams amenazan con dejar a España sin dos de sus principales recursos para abrir el campo y generar desequilibrio. Es una carencia que ya apareció en el empate frente a Cabo Verde y que sigue sin estar completamente resuelta.
Sin extremos puros, la selección se vuelve más previsible. El peso ofensivo recae entonces sobre los laterales y sobre jugadores que se sienten más cómodos por dentro que pegados a la banda. En una eliminatoria, donde cada detalle adquiere más importancia, esa limitación puede convertirse en un problema serio.
Por eso el debate no debería centrarse únicamente en si es mejor Austria o Argelia. España espera rival, sí, pero también necesita elevar su nivel. Acabar primera fue una obligación cumplida. Lo que viene a partir de ahora exigirá bastante más que eso. @mundiario