En el norte de Venezuela en este momento detrás de cada edificio colapsado hay una familia que perdió su casa, una escuela que dejó de abrir sus puertas y un niño o niña que ahora necesita agua, atención médica, refugio o simplemente un lugar seguro para dormir.
Tras los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, UNICEF estima que 1.8 millones de personas requieren asistencia humanitaria, entre ellas 680 mil niños y niñas.
La cifra muestra una dimensión especialmente dolorosa de la emergencia, que la infancia quedó en el centro del desastre.
Hospitales saturados, miles de niñas y niños sin acceso confiable a agua potable y cientos de escuelas dañadas amenazan con prolongar el impacto mucho más allá de las primeras labores de rescate.
Niños sin agua y hospitales saturados
Manuel Rodríguez Pumarol, representante de UNICEF en Venezuela, advirtió que la magnitud de las necesidades comenzó a verse con mayor claridad tras los primeros días de respuesta.
Según la organización, hospitales en Caracas, La Guaira, Carabobo, Aragua y Falcón sufrieron daños graves, lo que afecta la atención de niños, niñas y mujeres embarazadas.
La situación también golpea servicios básicos, UNICEF alertó que miles de menores no tienen acceso seguro a agua potable, un riesgo que puede derivar en enfermedades, deshidratación y nuevos brotes en refugios o zonas con infraestructura colapsada.
An estimated 680,000 children are in need of humanitarian assistance following the catastrophic earthquakes that struck Venezuela.
— UNICEF (@UNICEF) June 28, 2026
UNICEF is scaling up its response across health, nutrition, water and sanitation, child protection and education.
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Escuelas dañadas
El desastre también dejó heridas en el sistema educativo, solo en el Distrito Capital, reportes preliminares citados por UNICEF indican que 432 escuelas resultaron dañadas, más de un tercio del total en esa zona, aunque la cifra podría aumentar conforme avancen las evaluaciones en otros estados.
Mientras tanto, las autoridades habilitan escuelas que no sufrieron daños como albergues temporales para familias desplazadas, una medida urgente que también muestra el tamaño del desafío: muchos niños no solo perdieron clases, también perdieron su casa.
Ayuda empieza a llegar
UNICEF informó que su primer envío aéreo llegó a Valencia el 27 de junio desde su almacén regional en Panamá, con 20 toneladas métricas de suministros médicos, artículos de agua y saneamiento.
Un segundo envío desde su centro mundial de suministros en Copenhague está previsto para los próximos días, y en conjunto, ambos cargamentos permitirán atender a más de 100 mil personas.
La organización también activó una respuesta ampliada para llegar a unas 650 mil personas, entre ellas 234 mil niños, con apoyo en salud, nutrición, agua, saneamiento, protección infantil y educación.
Necesidad de recursos
UNICEF calcula que se requieren 52 millones de dólares para responder a la emergencia provocada por los terremotos, como parte de su llamamiento humanitario más amplio para Venezuela en 2026, valuado en 137.6 millones de dólares.
La organización ya movilizó alrededor de 3.5 millones de dólares de fondos internos para el despliegue inicial.
La ayuda no solo busca curar heridas físicas, también intenta proteger a niñas y niños de riesgos que aumentan después de un desastre: separación familiar, falta de espacios seguros, interrupción escolar, problemas de salud mental y exposición a violencia o abandono.
En Venezuela, la emergencia sigue teniendo nombres pequeños, son niñas y niños que esperan agua limpia, una cama segura, una escuela que vuelva a abrir y un adulto que pueda decirles que lo peor ya pasó.