El tan esperado choque entre Sudáfrica y Canadá cumplió, de forma idéntica, con los peores pronósticos de los analistas. El encuentro ofreció un nivel futbolístico alarmantemente bajo, impropio de unos dieciseisavos de final de la Copa del Mundo. Sobre el césped se vio a una selección anfitriona que, contagiada por la apatía, apenas logró ser un matiz menos mala que su oponente. El sopor generalizado parecía arrastrar el destino del juego hacia un irremediable y aburrido empate, estancando las ilusiones de los miles de aficionados presentes en las gradas.
Durante la primera mitad, el conjunto norteamericano asumió la iniciativa por pura inercia frente a una Sudáfrica irreconocible y plagada de suplentes. El dominio canadiense, sin embargo, careció de profundidad y solo encontró chispazos de peligro mediante la pelota parada. Primero fue Cornelius quien desperdició un cabezazo franco en el área pequeña, y justo antes del descanso, el guardameta Williams y el defensor Modiba se vistieron de héroes para ahogar el grito de gol de Buchanan. Mientras tanto, en la otra portería, el arquero Crépeau fue un mero espectador de un rival que se marchó al vestuario sin registrar un solo remate entre los tres palos.
La reanudación pareció despertar del letargo a los dos combinados, alterando por unos instantes el monótono guion de la tarde. Avisó primero Sudáfrica con un derechazo de Apollis que lamió el poste derecho, respondiendo de inmediato Canadá con un mano a mano que Oluwaseyi estrelló en el cuerpo del portero africano. A pesar del amago de rebelión y del ritmo frenético que amenazaba con romper el centro del campo, la obligatoria pausa de hidratación actuó como un bálsamo de hielo, devolviendo el compromiso a su habitual parsimonia.
Consciente de la urgencia de evitar el desgaste físico, el banquillo canadiense quemó sus naves dando entrada a Alphonso Davies y Promise David para morder en el tramo final. La recompensa a esa tímida insistencia llegó de la forma más agónica posible en el minuto 92. Cuando el fantasma de una prórroga eterna ya sobrevolaba el estadio, Stephen Eustáquio cazó un balón en la frontal y sacó un latigazo raso que batió las redes, desatando la locura en el banquillo y rescatando un triunfo gris pero efectivo.
A pesar de la clasificación a la ronda de los dieciséis mejores, el sabor de boca que deja la victoria norteamericana es sumamente agridulce. En los octavos de final ya esperan potencias de la talla de Países Bajos o Marruecos, combinados que, con toda seguridad, se frotan las manos tras observar las inmensas carencias defensivas de su próximo rival. Canadá sigue viva en su torneo, pero el margen de error se ha extinguido por completo: si aspiran a seguir haciendo historia, el milagro de Eustáquio no podrá repetirse en la siguiente estación.
Brasil recibe a Japón: un partido trampa para los de Ancelotti
La Canarinha parte como la gran favorita para imponerse a la selección del Sol Naciente en este electrizante cruce de eliminación directa. El pentacampeón mundial llega lanzado con un Vinícius Júnior imponente, erigido como el líder absoluto y el gran referente del ataque brasileño. Sin embargo, este favoritismo esconde una peligrosa dependencia: el esquema táctico parece diseñado exclusivamente para el lucimiento del crack madridista, lo que a menudo condena al resto del equipo a un rol secundario y obliga a la selección a depender de una genialidad aislada de su número 7 para desatascar los partidos más cerrados.
Esta alarmante falta de variantes ofensivas es precisamente la grieta que buscará explotar el disciplinado conjunto asiático. Bajo la astuta dirección técnica de Hajime Moriyasu, el combinado japonés cuenta con el orden táctico, el rigor defensivo y la velocidad en las transiciones necesarias para causar más de un estrago en la zaga sudamericana. Si los Samuráis Azules logran aislar a Vinícius y cortarle las vías de suministro, Brasil se verá forzado a entrar en un terreno de frustración donde la pizarra de Moriyasu podría dar la gran sorpresa del campeonato.
Alemania espera avanzar ante la sorpresiva Paraguay
Otro de los históricos gigantes que busca dar un golpe de autoridad en esta Copa del Mundo es la selección de Alemania. Aunque los dirigidos por Julian Nagelsmann no firmaron una fase de grupos brillante, su jerarquía les bastó para avanzar como líderes de su sector y citarse en estos dieciseisavos de final ante Paraguay. El combinado guaraní, por su parte, demostró una encomiable capacidad de resiliencia al sellar su clasificación a la siguiente ronda a pesar del durísimo golpe anímico que supuso arrancar el torneo encajando una goleada por 4-1 frente al anfitrión, Estados Unidos.
En el plano táctico, Kai Havertz emerge como la principal amenaza ofensiva de los germanos, respaldado por su gran momento de forma tras firmar dos goles en tres partidos y por su clarividencia para asociarse con Jamal Musiala y compañía. Mientras tanto, la Albirroja, que apenas pudo celebrar dos anotaciones en toda la fase de grupos, recibirá con los brazos abiertos el regreso de Miguel Almirón para apuntalar su alicaído ataque. El futbolista del Newcastle volverá a vestirse de corto tras cumplir su sanción por la tarjeta roja directa recibida en el debut bajo la estricta aplicación de la Ley Vinícius, listo para convertirse en la bandera de la resistencia paraguaya.
El gran plato fuerte: Países Bajos vs. Marruecos
Dos de las selecciones con mejor propuesta futbolística en lo que va del torneo se verán las caras en un duelo de altísimo voltaje. Por un lado, la Oranje de Ronald Koeman llega respaldada por una sala de máquinas de ensueño comandada por el talento de Frenkie de Jong, a lo que se suma el vértigo de sus laterales incisivos. En ese dibujo exterior, Denzel Dumfries —el futuro jugador del Real Madrid— se ha convertido en un auténtico puñal por el carril derecho, transformando las bandas en autopistas de máxima velocidad que castigan a las defensas rivales cada vez que alcanzan la línea de fondo.
Entretanto, los Leones del Atlas afrontan este cruce tras sellar un meritorio segundo puesto en el durísimo grupo liderado por Brasil. La progresión del combinado africano en la escena internacional ha dejado de ser una grata sorpresa para convertirse en una realidad sumamente esperada; hoy por hoy, Marruecos es visto como el presente y el futuro del fútbol mundial. Gran parte de esta consolidación se debe a la irrupción de figuras generacionales como Ayyoub Bouaddi, la joven sensación del mediocampo que ya acapara los elogios del planeta fútbol.
Etiquetado por los analistas como el nuevo Busquets debido a su descomunal lectura táctica, Bouaddi posee un potencial enorme para manejar los hilos del encuentro y hacer jugar a todo su entorno. El mediocentro no estará solo en su intento de asaltar la eliminatoria, ya que estará escoltado por la jerarquía de Achraf Hakimi, la magia entre líneas de Brahim Díaz y el olfato goleador de Ismael Saibari. Este póker de estrellas cuenta con los argumentos tácticos y la calidad técnica suficiente para desestabilizar la pizarra neerlandesa y truncar las aspiraciones de los Países Bajos en esta Copa del Mundo. @mundiario