La euforia futbolera trasciende fronteras. Pocas experiencias unen tanto como los partidos de la Selección Nacional, y este martes, al llegar a la etapa de eliminación directa contra Ecuador, miles de aficionados volverán a teñir de verde el Ángel de la Independencia, el Zócalo y otros puntos emblemáticos.
Esa explosión de emociones conduce, ocasionalmente, a reproducir festejos de otras latitudes, como aquel de jóvenes mexicanos remando juntos en la lateral de Paseo de la Reforma, emulando a fans y jugadores noruegos.
Si se copian rituales y cánticos festivos, ¿por qué no adoptar también el civismo japonés? Después de cada partido, miles de aficionados en Japón permanecen en las gradas recogiendo la basura generada por ellos mismos; así lo hicieron en Guadalajara. No hay obligación ni supervisión, sino un acto de responsabilidad y respeto hacia el entorno.
La oportunidad de mostrar al mundo el compromiso cívico se presenta en cada celebración. La afición tiene la capacidad de coordinar cánticos, organizar caravanas monumentales y, por supuesto, dejar limpias las calles.
Adoptar este civismo no resta alegría a la fiesta; al contrario, puede enriquecerla. La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha impulsado la campaña “La mejor sede del Mundial: deja limpia la Ciudad”, invitando a reciclar, cuidar el espacio público y celebrar con respeto al medio ambiente.
A unas horas del partido de dieciseisavos y ante la posibilidad del avance del combinado mexicano, cuando las concentraciones en los puntos futboleros serán masivas, la pregunta es: ¿y si sí? Si sí aplicamos un simple gesto como recoger la basura tras la celebración.
Otro Mundial es posible. Uno donde la celebración conviva con el respeto por el espacio público y el compromiso ambiental.
@guerrero Chiprés