Que me disculpen los aficionados por disentir en esta ocasión. Ya leí opiniones de periodistas respetables respecto del artículo en comento, todos con opiniones favorables a su entronización, pero todos mexicanos.
A mi criterio, Fernando Valenzuela no tiene los suficientes méritos para ingresar al Salón de la Fama. Las votaciones emitidas durante años por los jueces lo confirman. Analizo. Para acceder a Cooperstown hay reglas: haber jugado cuando menos diez años, estar retirado por lo menos cinco años y no estar vetado por las Grandes Ligas. La Asociación de Cronistas de Béisbol es el órgano que anualmente se encarga de la elección. Cada votante puede elegir hasta diez jugadores por boleta y el candidato debe recibir cuando menos el 75 por ciento de los votos para tener su placa; si obtiene menos del 5 por ciento queda eliminado y no vuelve a aparecer, pero si supera el 5 y no alcanza el 75 puede permanecer hasta diez años en las votaciones.
En caso de estar los diez años o ser excluido antes y nunca alcanzar el porcentaje requerido existe una segunda opción, el Comité de Veteranos, conformado por 16 miembros que se reúnen cada tres años, necesitándose también el 75 por ciento para ser entronizado.
Valenzuela pasó por los dos filtros: apareció en 2003, su primer año de elegibilidad, cuando recibió el 6.2 por ciento; en 2004 apareció nuevamente y obtuvo el 3.8, siendo eliminado de las boletas.
El año pasado en el Comité de Veteranos alcanzó menos de cinco votos, ante ese resultado al “Toro” sólo le queda una última opción, que será en el año 2028. Si no obtiene el porcentaje requerido, ya no tendrá otra oportunidad. En cuanto al ingreso, se debe considerar que el pelotero accede por lo que hizo dentro del terreno, no por lo que el jugador hace fuera de él. En el caso del “Toro” ha sido muy resaltado diciendo que recuperó el béisbol, que es un ídolo en México, que su personalidad es fabulosa, que creó la “fernandomanía”. Todo eso es cierto, pero lo que no se dan cuanta los aficionados es que los solones al emitir su voto ponderan o valoran en un porcentaje muy alto los números del pelotero.
Del sonorense nadie duda que llevó sobre sus hombros varios años a los Dodgers, que tuvo una vida ejemplar tanto dentro como fuera del campo, pero lo principal y más importante, sus números, son de modestos a normales, es decir nada extraordinario para un lanzador que quiera alcanzar la inmortalidad: victorias, 173; derrotas, 153; porcentaje de carreras limpias, 3.54; admitió 1,154 carreras limpias; apariciones, 453; juegos como abridor, 424; entradas lanzadas, 2,930; ponches, 2,074; bases por bolas firmadas, 1,151; jonrones admitidos, 226. Los números son fríos, no tienen sentimientos sólo dicen lo que es.
Dejemos de culpar a los jueces, seamos realistas: Fernando Valenzuela no tiene los suficientes méritos para estar junto a los inmortales. Es una realidad y debemos asimilarla. Qué más quisiéramos, como aficionados y mexicanos, que Valenzuela tenga su placa, pero no nos rasguemos las vestiduras por no salir las cosas como queremos. Los fanáticos mexicanos tenemos la mala costumbre de sobrevalorar a nuestros ídolos, siempre los justipreciamos con el corazón, no con la cabeza, y eso muchas veces nos conduce a actitudes, opiniones o pensamientos erróneos. Lo mismo sucede con los políticos y ya ven dónde estamos.
Sólo para que juzguen cómo piensan los norteamericanos: Valenzuela vivió sus mejores años con los Dodgers de Los Ángeles, de 1980 a 1990, pero la directiva del equipo al ver que el sonorense ya no era un brazo efectivo, lo dejó ir y de allí su peregrinar por cinco equipos hasta que se retiró. Los vecinos del norte piensan con la cabeza. ¿Y su corazón? Pues para lo que sirve, bombear sangre. Querían mucho al de Etchohuaquila mientras les era útil, cuando sintieron que ya no, lo liberaron.
¿Por qué no se les recrimina a los Dodgers haber dejado ir a nuestro paisano a pesar de todo lo que hizo por ellos? Sin embargo, la franquicia se arrepintió de su proceder y muchos años después retiró su número. Para juzgar la actuación de Fernando Valenzuela hay que analizar los datos, no escuchar los relatos.- Mérida, marzo de 2026