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Mundiario 29 Jun, 2026 08:05

El nuevo formato del Mundial ya tiene un ganador: la FIFA

Cuando la FIFA anunció la ampliación del Mundial de 32 a 48 selecciones, gran parte del debate se centró en el aspecto deportivo. Había dudas sobre la calidad de algunos partidos, sobre la saturación del calendario y sobre si el torneo perdería parte de su exclusividad.

Apenas unas semanas después del inicio del Mundial 2026, hay una conclusión que parece difícil de discutir: el nuevo formato ya tiene un ganador claro, y ese ganador es la propia FIFA.

La ampliación ha permitido pasar de 64 partidos a 104. Son cuarenta encuentros más para vender a las televisiones, cuarenta oportunidades más para los patrocinadores y cuarenta jornadas adicionales manteniendo al Mundial en el centro de la conversación deportiva global. Lo que antes duraba un mes ahora se extiende durante más de cinco semanas de competición prácticamente ininterrumpida.

Los estadios también están respaldando la apuesta. Pese a las críticas por los precios de las entradas y las enormes distancias entre sedes, la asistencia está siendo extraordinaria. Tras los primeros 36 encuentros, la ocupación media alcanzó el 99,54% del aforo disponible, mientras que la asistencia media superó los 64.000 espectadores por partido. FIFA incluso anunció nuevos récords históricos de asistencia durante la fase de grupos.

La explicación es sencilla. Con 48 selecciones hay más países implicados, más aficiones desplazándose y más mercados pendientes del torneo. Naciones que anteriormente tenían muy complicado alcanzar una Copa del Mundo ahora forman parte del espectáculo y arrastran consigo audiencias, patrocinadores e interés mediático. La FIFA no solo ha ampliado una competición; ha ampliado el número de clientes de su producto estrella.

Los números económicos reflejan esa realidad. Diversas estimaciones sitúan los ingresos del Mundial 2026 en torno a los 10.900 millones de dólares, una cifra récord que supondría un crecimiento cercano al 56% respecto a Qatar 2022. Los derechos televisivos, los acuerdos comerciales y la venta de entradas están impulsando un negocio que no deja de crecer edición tras edición.

De hecho, la propia FIFA ya había comenzado a repartir parte de ese éxito antes incluso del torneo. El organismo anunció un aumento del 15% en las cantidades destinadas a las selecciones participantes, justificándolo precisamente por el potencial comercial del nuevo formato y por las previsiones récord de ingresos.

Eso no significa que todas las críticas hayan desaparecido. El Mundial sigue enfrentándose a debates sobre los largos desplazamientos, los horarios condicionados por el mercado televisivo, el precio de las entradas o incluso el uso publicitario de las pausas de hidratación que han generado polémica durante el torneo. Sin embargo, ninguno de esos factores parece haber afectado al interés del público ni a la capacidad de la competición para llenar estadios.

Quizá el mayor triunfo de la FIFA sea que ha conseguido exactamente lo que buscaba. Hay más selecciones, más partidos, más aficionados en las gradas, más horas de televisión y más ingresos que nunca.

El debate sobre si el Mundial ha mejorado futbolísticamente seguirá abierto durante años. El debate sobre si ha mejorado como negocio parece mucho más sencillo de resolver. Hoy, el gran vencedor del nuevo formato no viste ninguna camiseta. Está sentado en las oficinas de la FIFA.

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