Ucrania ha intensificado su campaña de ataques de largo alcance sobre territorio ruso con una operación que, según las autoridades de Kiev, tuvo como principal objetivo el Centro de Comunicaciones Espaciales de Dubna, situado a más de 500 kilómetros de la frontera ucraniana. El presidente Volodímir Zelenski destacó la precisión de la operación y aseguró que estas instalaciones desempeñan un papel relevante en la coordinación de acciones militares rusas contra Ucrania.
Desde Moscú, sin embargo, no se ha confirmado que esa infraestructura fuera alcanzada. El Ministerio de Defensa ruso informó de la interceptación de 419 drones dirigidos contra distintas regiones del país y la península de Crimea, mientras que el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin, cifró en 61 los aparatos derribados sobre el área metropolitana de Moscú.
Las autoridades regionales sí reconocieron daños en edificios provocados por la caída de restos de drones interceptados, aunque evitaron confirmar impactos directos sobre instalaciones militares.
La estrategia de Kiev cambia el escenario del conflicto
La ofensiva forma parte de una estrategia cada vez más evidente por parte de Ucrania: trasladar parte de la presión militar al interior de Rusia. En los últimos meses, Kiev ha incrementado sus ataques contra centros logísticos, infraestructuras energéticas y sistemas de comunicación considerados esenciales para el esfuerzo bélico ruso.
Zelenski recordó que las fuerzas ucranianas ya han atacado varios centros de comunicaciones similares tanto en la región de Moscú como en Vladímir. El objetivo, según explicó, es dificultar la capacidad operativa del Kremlin y obligar a Rusia a destinar más recursos a la defensa de su propio territorio.
Esta táctica ya quedó patente a principios de mes, cuando una ofensiva con cientos de drones alcanzó una importante terminal petrolera en el mar Báltico y coincidió con la celebración del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, uno de los principales escaparates políticos y económicos del Gobierno ruso.
Un conflicto que sigue dejando víctimas civiles
Más allá de los objetivos militares, los ataques continúan teniendo consecuencias para la población civil en ambos países. Las autoridades rusas informaron de la muerte de tres personas durante la última ofensiva, entre ellas un bebé de seis meses fallecido tras ser rescatado de un edificio dañado en la región de Moscú. También se registraron víctimas en las regiones de Bélgorod y Tver, donde la caída de fragmentos de drones interceptados provocó nuevos daños.
Mientras tanto, Ucrania denunció que los bombardeos rusos sobre varias de sus principales ciudades dejaron al menos diez fallecidos y decenas de heridos durante la jornada anterior. Ambos gobiernos mantienen que sus operaciones tienen como objetivo infraestructuras militares, aunque el elevado número de víctimas civiles refleja que la guerra continúa afectando de forma directa a la población de ambos lados de la frontera.
La sucesión de ataques confirma además que el conflicto entra en una fase en la que la profundidad del territorio ruso deja de ser un refugio seguro, mientras Kiev busca debilitar la capacidad militar de Moscú sin limitarse únicamente al frente de combate. @mundiario