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Quadratin 13 Mar, 2026 07:42

Tiempos Modernos: La expectativa de poder

En la teoría política se suele hablar del poder como si fuera un objeto: algo que se tiene, se pierde, se disputa o se ejerce. Sin embargo, en la vida cotidiana —y especialmente en los conflictos sociales— el poder funciona de manera más sutil.

No siempre se trata de poseerlo, sino de creer que se puede obtener. Esa creencia, esa anticipación, esa sensación de que “ahora sí me toca”, puede movilizar a individuos y grupos con una fuerza incluso mayor que el poder mismo.

A esa intuición, que aparece una y otra vez en la historia política y en la vida universitaria, podríamos llamarla expectativa de poder.

El poder como horizonte, no como objeto

La expectativa de poder no es el poder en sí. Es la proyección imaginaria de un futuro en el que un individuo o un grupo se ve a sí mismo ocupando un lugar distinto en la jerarquía social. No importa si ese futuro es realista o no; lo que importa es que se vuelve emocionalmente verosímil.

Cuando alguien siente que está cerca de obtener poder —aunque sea un poder mínimo, simbólico o temporal— se activa un mecanismo psicológico que altera su conducta:

  • se arriesga más,
  • se radicaliza,
  • se vuelve menos dispuesto a negociar,
  • y, sobre todo, se convence de que tiene derecho a cobrar viejas deudas.

La expectativa de poder es, en ese sentido, un combustible emocional.

El resentimiento como motor

Toda expectativa de poder se alimenta de un sustrato emocional previo: el resentimiento. No en el sentido moralizante del término, sino en el sentido político que han trabajado autores como Nietzsche, Scheler o, más recientemente, Wendy Brown: el resentimiento como una emoción que surge de la percepción de injusticia acumulada.

Cuando un grupo siente que ha sido históricamente ignorado, marginado o humillado, la posibilidad de obtener poder —aunque sea mínima— se convierte en una oportunidad de revancha simbólica.

No se trata solo de transformar la realidad, sino de invertir la relación emocional con quienes antes tenían la ventaja.

Por eso, la expectativa de poder puede llevar a conductas que parecen irracionales desde afuera:

  • defender posiciones que no generan beneficios reales,
  • sostener conflictos que no producen resultados,
  • o incluso arriesgar capital político sin necesidad.

Lo que se busca no es el resultado, sino la sensación de que, por fin, se puede “hacer algo”.

La lucha por el poder como lucha por el reconocimiento

En muchos movimientos sociales —y también en espacios universitarios— la disputa no es solo por recursos, cargos o decisiones. Es una disputa por ser visto, por ser escuchado, por existir políticamente.

La expectativa de poder funciona entonces como un espejo: permite que quienes antes no tenían voz se imaginen a sí mismos como actores capaces de influir.

Esa imaginación es poderosa. A veces más poderosa que el poder mismo.

El riesgo: cuando la expectativa sustituye al proyecto

El problema aparece cuando la expectativa de poder se vuelve un fin en sí mismo. Cuando la posibilidad de obtener poder se vuelve más importante que el uso que se le dará.

Ahí es donde surgen los excesos:

  • purismos internos,
  • expulsiones simbólicas,
  • luchas intestinas,
  • intentos de captura del movimiento,
  • y, por supuesto, oportunismos políticos que buscan montarse en la ola.

La expectativa de poder, si no se acompaña de un proyecto, puede convertirse en una forma de auto?consumo político: un movimiento que se alimenta de su propia energía hasta agotarse.

La oportunidad: convertir la expectativa en institución

Pero también puede ocurrir lo contrario. La expectativa de poder puede ser el primer paso para construir instituciones más democráticas, mecanismos de representación más legítimos y espacios de participación más amplios.

La clave está en transformar la emoción en estructura. En pasar de la revancha a la propuesta. De la indignación a la organización. De la expectativa al ejercicio responsable del poder.

El poder, cuando se ejerce sin reflexión, reproduce lo que critica. Pero cuando se ejerce con conciencia histórica, puede abrir caminos que antes parecían imposibles.

Una intuición que vale la pena desarrollar

La expectativa de poder es un concepto que merece ser estudiado con más profundidad. No solo porque ayuda a explicar comportamientos políticos aparentemente irracionales, sino porque ilumina algo fundamental: el poder no empieza cuando se obtiene, sino cuando se imagina.

Y en esa imaginación —a veces luminosa, a veces peligrosa— se juega buena parte de la vida política contemporánea.

Engranes:

Ojalá en la UAEM, el movimiento estudiantil no se quede en la expectativa de poder y llegue a convertirse en institución. Por eso urge el diálogo.

La entrada Tiempos Modernos: La expectativa de poder se publicó primero en Quadratín Morelos.

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