
La Tierra atraviesa actualmente una tormenta geomagnética que se intensificó el pasado 22 de marzo, alcanzando una magnitud G3, considerada fuerte dentro de la escala de actividad solar. El fenómeno, que se extenderá hasta el 24 de marzo, ha sido monitoreado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, que mantiene vigilancia constante sobre sus posibles efectos.
Este tipo de eventos ocurre cuando el llamado viento solar —una corriente de partículas cargadas emitidas por el Sol— interactúa con el campo magnético terrestre. Aunque invisible al ojo humano, este choque energético puede tener implicaciones tanto en la atmósfera como en los sistemas tecnológicos modernos.