Al anunciar una inyección de 600 millones de dólares para cuatro nuevas misiones robóticas, la NASA ha consolidado la fase inicial de su programa Moon Base. La adjudicación de contratos a firmas privadas como Astrobotic e Intuitive Machines activa el envío de equipos científicos al polo sur lunar, sentando la infraestructura logística indispensable para los alunizajes tripulados programados a partir de 2028.
La NASA ha cerrado una inversión conjunta de 600 millones de dólares al asignar cuatro nuevas misiones robóticas a Astrobotic, Firefly Aerospace e Intuitive Machines. Los contratos, enmarcados en el programa Commercial Lunar Payload Services (CLPS), financiarán el transporte de instrumental científico clave para evaluar la resistencia del terreno y los niveles de radiación en el polo sur lunar, acelerando las obras de la futura base permanente.
Lejos de plantear una única misión espectacular, la NASA apuesta por una estrategia gradual basada en el despliegue continuo de vehículos no tripulados que permitan desarrollar la infraestructura necesaria para futuras estancias humanas. La filosofía, según explicó el administrador de la agencia, Jared Isaacman, consiste en “hacer muchas cosas pequeñas y aprender de cada una”, siguiendo un modelo similar al que permitió alcanzar el histórico alunizaje del programa Apolo.
Las nuevas adjudicaciones forman parte de la iniciativa Commercial Lunar Payload Services (CLPS), mediante la cual empresas privadas transportarán instrumentos científicos y demostraciones tecnológicas a la superficie lunar. Astrobotic realizará dos entregas por un valor de 297,9 millones de dólares, mientras que Firefly Aerospace e Intuitive Machines ejecutarán una misión cada una por 144,2 y 148,3 millones de dólares, respectivamente.
El objetivo va mucho más allá de realizar experimentos científicos. Cada aterrizaje permitirá probar tecnologías de navegación, mejorar la fiabilidad de los módulos de descenso y recopilar información sobre el terreno donde se levantará la futura base. “Estamos construyendo un campo de pruebas para las operaciones de Base Lunar”, explicó Ryan Stephan, responsable interino del programa de módulos de aterrizaje de carga.
La estrategia de la Agencia Espacial Europea (ESA) y sus socios internacionales para la colonización de la Luna a partir de la década de 2030 ya no busca la mera observación, sino la supervivencia a largo plazo en la superficie lunar. Para ello, los planes se centran en el despliegue de redes de comunicación satelital Moonlight —que darán cobertura GPS y banda ancha en el polo sur lunar— y en el uso de reactores de fisión nuclear compactos para resistir las gélidas noches lunares de 14 días terrestres.
La clave de este asentamiento es la utilización de recursos in situ (ISRU), donde destaca el desarrollo del vehículo robótico experimental PROMISE (impulsado por centros de investigación españoles y europeos). Este rover aprovecha los algoritmos de navegación autónoma y tracción de las misiones a Marte para perforar el regolito lunar en áreas de sombra permanente.
Su objetivo prioritario es localizar y cuantificar depósitos de hielo de agua, un recurso crítico que se procesará directamente en la Luna para obtener agua potable, oxígeno respirable para los astronautas y propulsor de hidrógeno líquido para repostar naves espaciales sin depender de los costosos envíos desde la Tierra.
Este cambio de enfoque responde igualmente al creciente contexto de competencia internacional. Mientras China mantiene sus propios planes para establecer una presencia permanente en la Luna durante la próxima década, la NASA pretende acelerar el ritmo de misiones para adquirir experiencia operativa antes de iniciar la construcción de una infraestructura habitable.
El programa tampoco está exento de desafíos. Algunos de los socios comerciales ya han sufrido reveses en anteriores intentos de alunizaje, y la reciente explosión del cohete New Glenn de Blue Origin ha obligado a la agencia a estudiar alternativas para evitar retrasos. Aun así, los responsables del proyecto insisten en que la prioridad es aumentar la frecuencia de las misiones robóticas, ya que solo acumulando experiencia será posible garantizar la seguridad de futuras operaciones tripuladas.
Más que una simple vuelta a la Luna, el programa Moon Base representa el intento de convertir el satélite en un laboratorio permanente de innovación tecnológica y en el banco de pruebas desde el que preparar las futuras misiones humanas a Marte. La NASA quiere que la exploración lunar deje de medirse por hitos aislados y pase a sustentarse sobre una infraestructura capaz de mantener una presencia continuada más allá de las visitas esporádicas. @mundiario