Marcelo Bielsa dejó muchas reflexiones tras su salida de la selección uruguaya, pero hay una frase que sobresale por encima del resto. "Nunca hice tantas concesiones con un jugador como con Valverde".
Una declaración llamativa por sí sola, pero que adquiere todavía más fuerza si se analiza junto al desenlace del proyecto. Uruguay cayó eliminada en la fase de grupos, Bielsa abandonó el cargo y la gran estrella de la selección volvió a quedarse lejos del nivel que se esperaba de ella.
Porque si algo ha acompañado a Federico Valverde durante los últimos años es la sensación de estar siempre buscando su lugar. En Uruguay ha jugado prácticamente de todo. Interior, mediapunta, volante derecho, centrocampista con llegada o futbolista encargado de equilibrar al equipo. Bielsa probó diferentes fórmulas para potenciar sus virtudes, pero ninguna terminó de convertirlo en el líder futbolístico que necesitaba la selección.
La situación tampoco es demasiado distinta en el Real Madrid. Valverde ha rendido en varias posiciones y su polivalencia es una de sus mayores virtudes, pero también ha terminado convirtiéndose en una especie de futbolista sin etiqueta fija. Puede jugar casi en cualquier sitio, aunque cada vez resulta más complicado identificar cuál es el rol en el que realmente marca diferencias de forma continuada.
Eso no significa que haya dejado de ser un gran jugador. Sigue siendo uno de los centrocampistas más completos del fútbol mundial y un futbolista capaz de aportar trabajo, recorrido y llegada. El problema es otro. Cuando una selección fracasa y cuando un equipo atraviesa dificultades, las miradas terminan apuntando hacia quienes deben asumir el liderazgo.
Y ahí es donde aparecen las dudas. Uruguay necesitaba un referente dentro del campo durante el Mundial y nunca terminó de encontrarlo. Todos estuvieron muy lejos de su mejor versión y Valverde tampoco consiguió convertirse en el futbolista diferencial que se esperaba de él. Para una selección que depositó buena parte de sus esperanzas en su capitán, el resultado fue decepcionante.
Las palabras de Bielsa añaden además un matiz interesante. Durante años se acusó al técnico argentino de ser excesivamente rígido y poco dado a modificar sus ideas.
Sin embargo, él mismo reconoció que con Valverde actuó de manera diferente. Escuchó, cedió y realizó más concesiones que con cualquier otro jugador de su carrera. El problema es que esas concesiones tampoco cambiaron el resultado final.
Tampoco ayuda que algunas situaciones recientes hayan generado debate alrededor de su figura. Su incomodidad jugando como lateral ha sido pública en más de una ocasión y en el Real Madrid ha estado vinculado a episodios de agresiones y trifulcas que contrastan con la imagen tradicional del capitán que ejerce como referencia silenciosa dentro del vestuario. No son cuestiones decisivas por sí solas, pero sí alimentan la sensación de que Valverde todavía está lejos de ese papel de líder que su carrera le exige asumir.
Quizá esa sea la gran reflexión que deja el fracaso de Uruguay. Nadie discute la calidad de Federico Valverde. Tampoco su importancia dentro de la selección. Lo que empieza a discutirse es algo diferente: si el futbolista con más cartel, más nivel y más responsabilidad del grupo está ejerciendo realmente como el líder que Uruguay necesita. Y las palabras de Bielsa, lejos de protegerle, han reabierto precisamente ese debate. @mundiario