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Mundiario 01 Jul, 2026 05:35

El CSIC, una víctima del franquismo: el archivo que desmonta décadas de silencio

El conocimiento también fue un campo de batalla tras la Guerra Civil española. Bajo la apariencia de expedientes administrativos, el nuevo archivo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela una historia de silencios forzados, carreras truncadas y castigos que no siempre se dictaron por lo que se investigaba, sino por quién se era. Desde 1939, al menos 511 personas vinculadas a la Junta de Ampliación de Estudios (Junta de Ampliación de Estudios) fueron depuradas por el franquismo. Hoy, por primera vez, sus nombres y trayectorias salen a la luz en un catálogo público que no solo documenta, sino que interpela.

La magnitud del archivo no reside solo en las cifras, sino en lo que revelan: la ruptura deliberada de una tradición científica que había convertido a España en un país conectado con Europa a través de becas, estancias y redes de investigación. Aquella modernización impulsada por figuras como Santiago Ramón y Cajal quedó interrumpida por un sistema de depuración que mezcló ideología, moral y control social.

Ciencia bajo sospecha: el relato que desmonta el CSIC

La historiadora Ana Romero, responsable de la investigación, subraya que la idea de una continuidad entre la JAE y el CSIC es “una narración interesada”. El organismo creado en 1939 con el objetivo de “restaurar la unidad cristiana de las ciencias” no heredó aquel espíritu de apertura, sino que lo sustituyó por un modelo de control ideológico.

El nuevo archivo digital demuestra, según Romero, que las rupturas fueron profundas: científicos exiliados, catedráticos sancionados, técnicos invisibilizados y personal administrativo castigado por su mera pertenencia a una institución previa.

511 historias detrás de un expediente

Entre los casos recuperados aparecen figuras de primer nivel como el naturalista Ignacio Bolívar Urrutia o el oceanógrafo Odón de Buen, obligados al exilio. Otros nombres, como el físico Santiago Peña de Rubíes, murieron en prisión tras condenas que llegaron a los 20 años.

También figuran trayectorias ambiguas como la del químico Alberto Chalmeta Tomás, que pasó de cargos militares durante la guerra a la reclusión y posteriormente a trabajos técnicos antes de su exilio final en París. El archivo no ofrece un relato cerrado, sino una constelación de vidas interrumpidas.

Castigos administrativos, vidas rotas

Las sanciones no siempre fueron destituciones inmediatas. Muchos expedientes incluían fórmulas intermedias: reducción de sueldo, inhabilitaciones, bloqueos profesionales o la imposibilidad de ascender durante décadas. Algunos pudieron reincorporarse parcialmente; otros quedaron marcados hasta el final de sus carreras.

El trabajo del CSIC también ha detectado lagunas documentales: expedientes desaparecidos, archivos incompletos y posibles destrucciones deliberadas. La memoria institucional, en muchos casos, llegó fragmentada.

El castigo invisible de “llevar pantalones”

Uno de los apartados más reveladores del archivo es el dedicado a las mujeres. Muchas no aparecen como protagonistas de sus propias historias, sino en expedientes ajenos o como apéndices de sus superiores o maridos.

El caso de María del Carmen Pescador del Hoyo ilustra la dimensión simbólica de la represión: en su expediente no solo se citan vínculos personales o académicos, sino incluso su forma de vestir. Fue sancionada, entre otras razones, por “llevar pantalones”, una muestra del control moral ejercido sobre las mujeres en el ámbito académico.

Otras como Carmen García Amo o las jóvenes formadas en el entorno de María de Maeztu en la Residencia de Señoritas quedaron fuera del sistema académico formal, empujadas al exilio o a carreras truncadas.

Un archivo que interpela al presente

La presidenta del CSIC, Eloísa de Pino, ha subrayado que este trabajo era “necesario y pendiente”. No solo busca reconstruir biografías, sino también reparar una ausencia: la de quienes fueron expulsados del relato oficial de la ciencia española.

El objetivo ahora es que descendientes y familias puedan aportar fotografías, documentos y recuerdos que completen unas historias que, durante décadas, solo existieron como líneas frías en expedientes administrativos.

Más allá del pasado, el archivo plantea una pregunta incómoda: cómo se construye una institución científica cuando parte de sus propios miembros fueron borrados para que otros ocuparan su lugar. @mundiario

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