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Radar Inteligente
El Economista 02 Jul, 2026 01:00

¿Compramos un producto o un ecosistema?

Comprar un automóvil no termina cuando uno sale de la agencia. Durante los años siguientes habrá que pagar servicios de mantenimiento, sustituir refacciones y realizar reparaciones. De hecho, una de las primeras preguntas que suele hacerse al vendedor de autos al visitar la agencia es: ¿cuánto cuestan los servicios de mantenimiento? Incluso antes de visitarla, muchos consumidores ya tienen una idea aproximada de los costos de mantenimiento de cada marca y de la frecuencia con la que deberán llevar el vehículo al servicio.

Algo similar ocurre con una impresora: el gasto no termina con la compra del equipo, sino que continúa con la adquisición periódica de cartuchos de tóner o servicios técnicos. Esta sencilla observación dio origen a un concepto ampliamente estudiado en la teoría y política de competencia: los aftermarkets o "mercados secundarios".

Algunos de los casos más emblemáticos que ayudaron a desarrollar esta teoría a nivel internacional, involucraron a empresas de fotocopiadoras e impresoras como Kodak y Xerox, así como a la industria automotriz, donde los usuarios dependen de la compra recurrente de servicios de mantenimiento y sustitución de refacciones.

Estos casos son interesantes porque desde hace décadas las autoridades de competencia se preguntan si esos productos secundarios —cartuchos de tóner o refacciones— constituyen mercados con una dinámica competitiva aislada o si, por el contrario, cuando una persona compra el producto principal ya puede anticipar el precio y las condiciones competitivas de esos bienes y servicios. Si esto último ocurre, entonces todo el conjunto forma parte de una misma decisión de consumo.

La respuesta a esa pregunta no es trivial para la política de competencia. Si la competencia por vender el producto principal disciplina suficientemente los precios y condiciones del mercado secundario, ambos pueden analizarse conjuntamente para ciertos efectos. Si, en cambio, las autoridades consideran que se trata de decisiones separadas, deberán analizar al menos dos mercados distintos, sin dejar de estudiar las interrelaciones entre ambos, pues las condiciones de competencia en uno influyen directamente sobre el otro.

La diferencia puede tener consecuencias importantes. Para determinar si una empresa posee poder sustancial de mercado, una autoridad debe analizar, entre otros factores, su participación de mercado. Esa participación puede variar significativamente dependiendo de si el mercado relevante incluye tanto el producto principal como el secundario o, si cada uno se analiza por separado. En otras palabras, una misma empresa podría enfrentar una intensa competencia si se observa todo el sistema, pero parecer dominante si únicamente se analiza el mercado de los bienes o servicios secundarios.

Estas teorías también han adquirido una enorme relevancia en la economía digital. Hoy se utilizan para estudiar, entre otros temas, las tiendas de aplicaciones para smartphones, los servicios de computación en la nube y diversos ecosistemas digitales. En muchos casos, el producto principal y los bienes o servicios secundarios funcionan como un solo sistema desde la perspectiva del consumidor, por lo que la discusión sobre los aftermarkets se relaciona estrechamente con la teoría de la competencia entre ecosistemas.

En el fondo, la pregunta sigue siendo la misma que hace varias décadas: ¿qué es exactamente lo que compra el consumidor: un producto o un sistema completo? La respuesta no solo determina cómo entendemos la competencia en estos mercados, sino también cuándo una empresa puede ejercer poder de mercado y cuándo la presión competitiva proviene de empresas que compiten mediante ecosistemas completos.

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