La guerra de desgaste entre Rusia y Ucrania, estancada en su quinto año de hostilidades, ha entrado en una fase de desgaste asimétrico y guerra aérea mutua. Tras años en los que el Kremlin dictó el compás del conflicto mediante el empuje de su infantería en el Donbás y el castigo sistemático a la red eléctrica ucraniana, el tablero militar se ha nivelado.
El uso masivo de drones de fibra óptica, los ataques ucranianos a refinerías en suelo ruso y la parálisis de las grandes ofensivas terrestres de Moscú evidencian que la ventaja de la fuerza bruta y los bombardeos tradicionales ya no basta para romper las líneas de defensa. Kiev ha intensificado sus ataques de largo alcance contra objetivos estratégicos dentro de Rusia y en la península de Crimea, buscando debilitar la capacidad logística y energética del Kremlin mientras intenta ralentizar sus avances en el frente.
La ofensiva ucraniana volvió a hacerse visible con un nuevo ataque contra la refinería de petróleo de Ufa, una de las mayores instalaciones energéticas rusas y situada a más de mil kilómetros del territorio controlado por Ucrania. Se trata del segundo golpe contra esta infraestructura en apenas una semana, una muestra de la creciente capacidad de Kiev para alcanzar objetivos situados muy lejos del frente.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, defendió la operación como parte de la estrategia para aumentar la presión sobre Moscú. “Se trata de una respuesta absolutamente justa a todo lo que Rusia nos está haciendo. Hace falta paz, y esto es precisamente lo que debe entender el liderazgo ruso”.
Junto al ataque sobre Ufa, Ucrania aseguró haber alcanzado también una planta situada en la región rusa de Penza dedicada a fabricar componentes utilizados en misiles Iskander, Kalibr y Kh-101, además de equipamiento para aeronaves militares y satélites rusos. Aunque las autoridades rusas no confirmaron estos impactos, el Ministerio de Defensa informó de la interceptación de 179 drones ucranianos sobre distintas regiones del país, Crimea y las aguas de los mares Negro y de Azov.
Estos ataques ya no responden únicamente a una lógica de represalia. Desde hace meses forman parte de una campaña destinada a erosionar la capacidad industrial y energética rusa, obligando al Kremlin a desviar recursos para proteger instalaciones situadas muy lejos del campo de batalla.
Uno de los escenarios donde esta estrategia resulta más visible es Crimea. La península, anexionada por Rusia en 2014, se ha convertido en un objetivo prioritario para Kiev por su enorme importancia logística y militar. Desde allí se coordinan buena parte de las operaciones rusas en el sur de Ucrania y se canaliza el abastecimiento hacia varios sectores del frente.
Las fuerzas ucranianas han intensificado durante las últimas semanas los ataques con drones contra infraestructuras militares en la península, incluida la reciente operación contra la base aérea de Saky, donde, según el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), fueron alcanzados hangares que albergaban cazas Su-30 y Su-30SM.
El ministro de Defensa ucraniano, Mykhailo Fedorov, considera que esta campaña refleja una nueva etapa tecnológica del conflicto. “Creo que esto está relacionado con una nueva fase tecnológica de la guerra y con la capacidad de los drones ucranianos para utilizar tecnologías que nos permiten llevar a cabo este tipo de operaciones”.
Para Kiev, el objetivo no consiste únicamente en destruir aeronaves o depósitos de combustible, sino en dificultar el funcionamiento cotidiano del dispositivo militar ruso. Según Fedorov, los ataques están generando problemas cada vez más visibles en la logística del ejército ruso. “Pero ya vemos, por ejemplo, en algunos sectores del frente sur, que la infantería rusa tiene que caminar 30 kilómetros para llegar a sus posiciones porque la logística ha sido destruida”.
El ministro añadió que las dificultades también afectan al transporte de tropas, al suministro de combustible para los generadores utilizados por los operadores de drones y al abastecimiento general de las unidades desplegadas. A su juicio, la acumulación de estos problemas reduce progresivamente la intensidad de las operaciones rusas.
Esta presión coincide con el reconocimiento realizado recientemente por el presidente ruso, Vladímir Putin, quien admitió por primera vez que Rusia afronta “cierto déficit” de combustible, aunque aseguró que el Gobierno está respondiendo para garantizar el suministro y la seguridad del país.
For the second time, our sanctions in response to Russia’s prolongation of the war have reached the oil refinery in Ufa, one of Russia’s largest producers of lubricants. The distance is more than 1,300 kilometers from the frontline.
— Defense of Ukraine (@DefenceU) July 1, 2026
Also in the Penza region, our weapons reached…
La estrategia ucraniana busca precisamente explotar esas vulnerabilidades. Los ataques contra refinerías, terminales petroleras, estaciones de bombeo y centros industriales pretenden dificultar el funcionamiento de una maquinaria militar que depende de una compleja red logística para mantener su ofensiva en un frente que supera ampliamente el millar de kilómetros.
Mientras Ucrania incrementa la presión sobre la retaguardia rusa, Moscú mantiene su campaña de bombardeos sobre territorio ucraniano. Durante la última jornada, las fuerzas rusas lanzaron 153 drones contra distintas regiones del país. Según las autoridades ucranianas, las defensas aéreas interceptaron la mayor parte de ellos, aunque varios impactos alcanzaron zonas civiles.
Uno de los ataques más graves se produjo en la región de Jersón, donde un dron ruso alcanzó un minibús durante la hora punta de la mañana. El gobernador regional, Oleksandr Prokudin, denunció que “el operador del dron enemigo vio claramente que era un transporte civil que llevaba personas a sus puestos de trabajo. Pero este terrorista decidió atacar deliberadamente”.
En total, los ataques rusos de la jornada dejaron al menos seis fallecidos y más de un centenar de heridos en distintas regiones ucranianas, además de daños sobre viviendas, escuelas, estaciones de servicio e infraestructuras civiles.
Paradójicamente, mientras Rusia continúa golpeando ciudades ucranianas casi a diario, los datos recopilados por la Fuerza Aérea de Ucrania muestran que durante junio Moscú lanzó menos drones y misiles que el mes anterior. Aunque la reducción no altera la elevada intensidad del conflicto, coincide con la creciente campaña de ataques ucranianos sobre instalaciones estratégicas rusas. @mundiario