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24 horas 02 Jul, 2026 00:01

Hazaña

Ricardo Monreal - Opinión

Las naciones también juegan partidos, aunque no siempre sobre una cancha. A veces compiten contra la resignación o contra la costumbre de pensar que el triunfo siempre les pertenece a otros.

Durante muchos años, México cargó con ese peso. Parecía que habíamos aprendido a celebrar el esfuerzo, pero no la victoria. Por eso, el triunfo de la Selección Mexicana de futbol frente a Ecuador trasciende ya el ámbito deportivo.

Sería un error reducirlo a un buen resultado o a una clasificación memorable. Lo que millones de personas atestiguaron fue algo mucho más profundo: la recuperación de una confianza capaz de transformar el ánimo de un pueblo entero.

El futbol tiene esa virtud: durante 90 minutos desaparecen las diferencias y las preocupaciones. Todas y todos vestimos los mismos colores y vamos hacia la misma portería. Pocas expresiones culturales consiguen generar ese sentido de comunidad.

No fue casualidad que ese sentimiento se resumiera en una pregunta tan sencilla como poderosa, “¿Y si sí?”. Esas tres palabras terminaron diciendo mucho más de lo que aparentaban, porque no hablaban tan sólo de un partido, hablaban de México.

Durante el periodo neoliberal nos dijeron que era imposible crecer sin depender de otros; que las empresas públicas estaban condenadas al fracaso; que la política debía resignarse a administrar inercias, y que aspirar a más era un exceso de optimismo. Esa forma de pensar terminó infiltrándose en muchos espacios, incluyendo el deporte.

Hoy el país vive un momento distinto. El segundo piso de la Cuarta Transformación, con el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, representa la consolidación de una nueva manera de entender nuestras capacidades como país.

En ese contexto, la victoria sobre Ecuador adquiere un significado especial. Es una hazaña deportiva, desde luego, pero también es una hazaña social, porque millones de mexicanas y mexicanos volvieron a encontrarse alrededor de una misma ilusión.

También es una hazaña cultural, porque proyecta al mundo la identidad de un pueblo orgulloso de sí mismo. Cada triunfo fortalece la imagen de un México que inspira confianza y demuestra que está preparado para asumir responsabilidades globales.

Los pueblos que recuperan la confianza empiezan a competir mejor en todos los terrenos: en la economía, la ciencia, la cultura, la política y también en el deporte.

Celebremos, entonces, a nuestra Selección, que hizo vibrar al país entero. Celebremos a los jugadores, al cuerpo técnico y a una afición que nunca dejó de alentar en el estadio, en las calles y en los hogares.

Aprovechemos la lección que nos dejó la noche del domingo pasado. Hoy México atraviesa un momento estelar en el que vale la pena creer, y cuando una nación vuelve a confiar en sus capacidades, las grandes hazañas se convierten en parte de su destino.

 

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X: @RicardoMonrealA

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